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LA OTRA MEMORIA

Guerra Civil Española 1936-1939

SOTO DE ALDOVEA (A 2 km. de Torrejón de Ardoz).

SOTO  DE  ALDOVEA (A 2 km. de Torrejón de Ardoz). Traducido del Alemán, según la investigación hecha por el Cónsul de Noruega en Madrid, D. Félix Schlayer. En los días siguientes a los fusilamientos del 8 de noviembre de 1936, en el lugar citado)

El río es muy hondo y sus orillas están muy pobladas de árboles y matorrales. Me fue sospechoso este camino en el cual, sin embargo, no había huellas de carruajes que hubiesen podido reconocerse, ya que no había llovido hacía tiempo. A nuestras preguntas con precaución, por los autobuses que hubiesen llegado el pasado domingo, declararon con timidez unas mujeres que estaban sentadas delante de una casa cercana al Castillo, que ellas eran forasteras, como que habían sido traídas de sus pueblos en aquellos días, y que no habían observado ni oído nada.

Seguimos río arriba pasando por una pequeña casa aislada; allí estaba en casa sola, por suerte, la mujer. Ella contó con toda libertad que el domingo por la mañana llegaron de Madrid una buena cantidad de autobuses llenos de hombres y que torcieron por el mencionado camino. Al poco rato dijo que había empezado una fusilería que duró toda la mañana: que había sido en el lecho del río muy cerca del Castillo, que el lunes temprano había llegado otra vez un solo autobús con algunos más.

Seguimos entonces por el camino hasta el Castillo y observamos el cauce del río, a causa de la espesura de la arboleda no pudimos llegar al sitio a pie, fuimos en el coche entonces al Castillo en el que entré.

Allí estaba el guarda de un establecimiento de Remonta que había sido instalada en la hacienda; pregunté por un responsable que, por suerte, no se hallaba allí. Entonces pregunté al soldado de guardia (un miliciano) a boca jarro, donde estaban enterrados los hombres fusilados el domingo, dando el hecho por conocido.

El hombre inició una descripción algo confusa del camino. Le dije que era más sencillo que viniese conmigo y me enseñara el sitio, a lo que él, obediente, colgó el fusil y nos llevó.

Aproximadamente a unos 150 metros del Castillo bajó a una zanja profunda y seca que conduce desde el Castillo al río.

Era el llamado caz, una antigua acequia de riego. Allí empezaba en el fondo de ese foso un amontonamiento de tierra reciente de unos dos metros de altura; señaló en aquella dirección y dijo: “ Aquí empieza”.

Un fuerte olor de podredumbre emanaba del suelo, en el que se percibían ciertas irregularidades, como miembros que sobresalían; todavía en un sitio asomaban unas botas.

Solamente una leve capa de tierra había sido echada sobre los cuerpos. Seguimos el foso, en dirección al río. La tierra recién removida y la correspondiente elevación del terreno era de unos 300 metros de longitud; esto significaba, pues, la tumba de 500 a 600 hombres. Como pude todavía sonsacarle al miliciano, parece ser que los autobuses, según iban llegando, paraban en la parte alta de la pradera, siendo cada diez hombres atados de dos en dos y desposeídos de sus objetos, haciéndoseles bajar así al foso, donde inmediatamente eran fusilados, en tanto que los diez siguientes bajaban, y los milicianos arrojaban tierra encima de los anteriores. Es indudable que como este procedimiento bestial de asesinato fueron enterrados una gran cantidad de heridos graves, que aún no habían muerto, bien que en algunos casos se disparaba el tiro de gracia.

Después de la guerra, fueron exhumados un total de 414 cadáveres y llevados a una fosa excavada a tal efecto junto a las demás fosas, en el Cementerio de los Mártires de Paracuellos.

ESPAÑOLES PERDONAD, PERO NO OLVIDEIS

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LOS MARXISTAS ESPAÑOLES A LAS ÓRDENES DE LA URSS

LOS MARXISTAS ESPAÑOLES A LAS ÓRDENES DE LA URSS

Resulta sorprendente que un autor, reconocido marxista como es Antonio Elorza, publique un libro muy crítico sobre la Internacional comunista. No hay constancia de que haya abandonado su marxismo, pero podría caer en algo habitual de tantos marxistas como es el utopismo.

Existe una contradicción entre aquellos que hacen apología del marxismo como conocimiento científico y reservan despectivos calificativos de utópicos y anticientíficos a los que discrepan de la teoría marxista. Pero en esos pretendidos científicos, se suele dar la paradoja de estar inmersos en la utopía.

Desde la existencia de la Unión Soviética, incluso desde antes de la revolución bolchevique de 1917, viene repitiéndose que las aberraciones producidas por los sistemas marxistas leninistas al alcanzar el poder son consecuencia de un desviacionismo doctrinal. Ya Kautsky y Plejanov criticaban el sistema impuesto por el bolchevismo triunfante, acusándolo de desviacionismo del marxismo puro. Invectivas poco fundadas, al igual que las de Rosa Luxemburgo, pues gracias a que Lenin utilizaba el marxismo como una guía para la acción, y no como un catecismo dogmático, pudo hacerse realidad el sistema político más totalitario e inhumano de la historia.

Pero después, incluso leninistas puros ejecutados en gran número y otros exiliados no señalaban al sistema como causa de los males. Sería Stalin quien se hubiese desviado del marxismo-leninismo. Trotsky acusaba a Stalin de infiel a las esencias marxistas, como antes Lenin era acusado por Kautsky o Bernstein. Posteriormente, Mao Tse Tung acusaba de traición y desviacionismo a Liu Shao shi, Kruschof lo haría con Stalin, Breznev con Jruschof, etc.

Parece que el ideal marxista no se hace realidad nunca. Dan igual los crímenes de Pol Pot, que las aberraciones de Kim Il Sung. Los sufrimientos sin cuento no son debidos a la maldad intrínseca del sistema, sino a su equivocada aplicación. Los apologistas del rigor científico y de la corrección del pensamiento de Marx, nunca encuentran realizado su Estado ideal. ¿Acaso no debe calificárseles cuando menos de utópicos?

Dicen Elorza y sus colaboradores que la apertura, posteriormente sólo rendija dificultosa en extremo, de los archivos de la hoy extinta Unión Soviética especialmente entre 1992 y 1995, ha supuesto un paso decisivo en la investigación histórica de la Internacional. Discrepo en parte de tal argumentación. El actual conocimiento de la subordinación a la Internacional no ha resultado tan innovador como se supone.

La biografía desmitificadora de Lenin, realizada por el general Dimitri Volkogonov, causó asombro y sensación entre los rusos, pero el asombro no ha sido tal en Occidente. La biografía de Volkogonov, aporta datos complementarios esclarecedores, como puede ser el papel de Inessa Armand en la vida de Ilich, por citar sólo un aspecto. Pero los datos aportados por Fisher, Walter, Betizza, Wilson, Vlam, Villemarest, etc., ya ofrecían una perspectiva muy completa.

Con ocasión de la apertura parcial de los archivos de la antigua Unión Soviética, algunos escritores marxistas, admiten lo que hasta ahora era en gran parte ampliamente conocido. Pero para ellos parece que sólo la evidencia de las fuentes originales confiere verosimilitud a lo que había sido divulgado por historiadores imparciales.

Recoge Elorza (pág. 109) cómo, dentro de la concepción militar imperante en la Comintern, el papel del delegado o del representante consistía en garantizar la actuación del partido local según las instrucciones recibidas. Pero esto ya fue dicho por Krivitsky en 1938. E incluso, anteriormente, por uno de los hombres que mejor conoció el leninismo y stalinismo desde dentro, Boris Suvarin.

Dolores Ibarruri -homenajeada incluso por el Pp en la España de 1999- muestra su inenarrable entusiasmo ante los logros y las manifestaciones exteriores del bolchevismo en Moscú en 1933 (pág. 185).

Un hombre clave en la presión de la Comintern sobre el partido comunista español, Victorio Codovila, fue el transmisor de la orden de sustituir el ataque hacia el «socialismo burgués renegado y cómplice del imperalismo», por la «unión antifascista» concretada en el Frente Popular, siguiendo las consignas de Dimitrov. Noticia exacta, pero no inédita: son numerosas las obras publicadas sobre la subordinación de los partidos comunistas nacionales, entre ellos el español, a las órdenes emanadas en última instancia no del Politburó, sino de Stalin.

La maniobrabilidad bien demostrada de «Ercoli», Togliatti, de acelerar el paso de la revolución democrática burguesa, como premisa para la revolución socialista (pág. 241 y ss.) está correctamente reflejada. Pero, una vez más, es algo sabido. Lo que asombra a los críticos consensuales, bien sean del ABC cultural o de El País, es que Elorza no crea en la inocencia de los intelectuales que viajaron a la URSS en los años 30. La entrevista de Stalin con Alberti (otro personaje ensalzado de nuestra actualidad, no ya en la izquierda, sino en la derecha vergonzante, a la que, sin embargo, se sigue calificando de fascista) y M.ª Teresa León, es bien conocida, por lo grotesco del servilismo. Ante el «padre de los pueblos, el gran timonel», no es descubierta ahora la adulación que le profesa Alberti, por Elorza, sino que ya existía profusa documentación. Lo que asombra a Elorza es haber encontrado en los archivos de Moscú lo que ya había sido revelado por otras fuentes.

La detención, secuestro y asesinato de Andrés Nin, al que Trotsky consideraba desviacionista, y su tortura por la policía staliniana que actuaba con total impunidad en la España «republicana», es conocida de antiguo. Lo que aporta Queridos camaradas, son precisiones sobre puntos oscuros; pero no algo inédito. «El País», en su comentario apologético del libro, lo presenta como una revelación.

El reconocimiento de que José Díaz pasa a ocupar la secretaría general del partido comunista español, pero que el efectivo titular era el argentino Victorio Codovila, es cierto; pero esto ya lo había señalado mucho antes Francisco Félix Montiel en varias de sus obras.

Stepanov, instando al dominio comunista sobre el partido socialista bajo pretexto de unificación, adquiere su verdadero realce en la dirección de la política española (pág. 395) durante la II República.

Resulta de innegable interés que el futuro de España se subordinaba, a partir de 1938, a los proyectos mundiales de la URSS. La última obra de Montiel Un coronel llamado Segismundo ya ofrecía datos abrumadores. La subordinación de Dolores Ibarruri a Stepanov aparece innegable, y la reducción del Frente Popular a mero avalista de la política soviética (pág. 45).

Reconoce que las Brigadas Internacionales se mueven (pág. 462) sobre un doble eje de coordenadas en el que se cruzan las necesidades militares con las conveniencias de la política exterior de la URSS.

Los autores narran hechos indudables; pero la apertura de los archivos, como hemos insistido con Volkogonov, aporta datos complementarios, pero rara vez inéditos.

Dada la permanente variabilidad del carácter staliniano, en parte por su innata desconfianza y, en los años finales de su vida, por su paranoia, la rectificación de la historia era una constante. Pero esto no afectaba sólo a los manuales, donde si ayer Riazanov o Bujarin eran ardientes revolucionarios y compañeros de armas del camarada, hoy pasaban a ser «víboras lúbricas», «Monstruos inhumanos», «perros rabiosos», para los que la pena de muerte era poco castigo.

Además de las consignas dadas en el seno del aparato -secretas y, por tanto, no accesibles-, se transmitían órdenes exclusivamente verbales en numerosos casos. Especialmente si afectaban a la liquidación de enemigos políticos, ayer combatientes ardientes por el socialismo y hoy traidores. Así mismo las consignas de cambios de orientaciones políticas, afectando a grandes maniobras, eran a veces orientaciones verbales transmitidas por Stepanov, o Togliatti, o Güero, según órdenes del propio Stalin.

El libro tiene el interés de confirmar o de aclarar, incluso de ampliar información. Pero solamente para «progresistas» indocumentados puede parecer algo sorprendente y destinado a redefinir un periodo trágico de la historia no sólo de España, sino de la Internacional comunista en su conjunto.


Angel Maestro

ANIVERSARIO DEL BOMBARDEO DEL FRENTE POPULAR CONTRA LA CIUDAD DE CÁDIZ

ANIVERSARIO DEL BOMBARDEO DEL FRENTE POPULAR CONTRA LA CIUDAD DE CÁDIZ Dicho bombardeo frentepopulista causó víctimas entre la población civil de Cádiz, teniendo lugar el día 7 de Agosto de 1936. Fue a cargo del destructor "Almirante Valdés". Un buque perteneciente a la Escuadra Roja que operaba en el Estrecho y en el que se encontraban detenidos, en el sollado de fogoneros, cinco de sus oficiales, los cuales serían asesinados en el mismo buque una semana después. Lo mandaba el Capitán de Máquinas Santiago López Jiménez.

El día 25 del mismo mes, Cádiz sufrió el ataque aéreo con el resultado más sangriento de todos los que tuvo que soportar durante la guerra. Lo llevaron a cabo dos aviones "Breguet XIX" pertenecientes a la 10ª Escuadrilla del Grupo 21 de la 1ª Escuadra de Aviación. Procedían del Aeródromo de Andujar (Jaén) y como eran bombarderos diurnos que no disponían de radio ni de goniómetro, tenían que operar normalmente de día y utilizar accidentes del terreno fácilmente identificables para poder llegar a sus objetivos y después volver a su base de partida. Es por ello que para llegar a Cádiz siguieron el curso del río Guadalquivir y luego se limitaron a bordear la costa.

Estos son los bombardeos que a continuación relataré.

Bombardeo del destructor "Almirante Valdés".

A las 8,00 horas del Viernes día 7 de Agosto de 1936, el destructor "Almirante Valdés" apareció frente a Torregorda situado lejos del alcance de las baterías de la plaza. Poco tiempo después sus piezas Vickers de calibre 120/45 mm. hicieron fuego contra la ciudad. Los cañones situados en el Polígono de Torregorda,, mandados por el Capitán Julián López Cabrera, rompieron el fuego contra el destructor aún sabiendo lo inútil de la acción debido a su corto alcance.

Al escuchar los cañonazos, muchos gaditanos se asomaron a las murallas y se subieron a las azoteas de las casas para curiosear y ver el cañoneo. Lo hicieron confiados porque ya había habido con anterioridad dos bombardeos navales y ninguno había tenido consecuencias. La prensa propia decía que los bombardeos de los barcos rojos eran "saludos al cañón". Además, y ello era visible, tiraban desde muy lejos temerosos de ser alcanzados por las baterías de costa.

Los primeros proyectiles cayeron en el agua. Uno de ellos, en la dársena interior próxima al Depósito Franco. Sus víctimas fueron una gran cantidad de peces que aparecieron flotando sobre el agua. Pero otro cayó sobre la torre existente en la azotea de la casa número 10 de la calle Pasquín, finca propiedad de José Luis Lacave. Un casco de metralla alcanzó al vecino Fernando Domínguez Rodríguez. Quedó muerto en el acto. Otros siete vecinos que se hallaban en la azotea fueron heridos por la metralla y los materiales arrancados por la explosión.

Teófilo Bravo, que resultó herido en ambas piernas tuvo que ser ingresado en el Hospital Mora con pronóstico grave. Los otros seis, con heridas de carácter leve fueron atendidos en la casa de la Asistencia Pública más cercana que estaba en el número 10 de la calle Compañía.

Al aparecer un aparato de la aviación nacional, el destructor se alejó siendo perseguido por el mismo.

Bombardeo de dos aviones " Breguet XIX".

A las 11,30 horas del Martes día 25 de Agosto de 1936, dos aviones aparecieron frente a la Alameda de Apodaca volando a gran altura. Antes de sobrevolar la muralla arrojaron varias bombas. La primera de ellas cayó muy próxima a la balaustrada, junto a una caseta situada frente a la calle Isabel La Católica, construcción que había formado parte en su día de las defensas de las murallas de San Carlos, y que por entonces era utilizada por un sillero para la realización de sus faenas. La bomba cayó muy próxima a la misma matando al sillero, José García Barrera, que en esos momentos se hallaba trabajando. La metralla alcanzó también a un muchacho de 14 años, Ramón Sánchez Gey, que asomado a la balaustrada curioseaba la evolución de los aviones. Le destrozó el costado derecho, falleciendo en el acto.

Conversando en un lugar muy próximo estaban José María Bensusan y Silóniz, Luis Álvarez Osorio y Bensusan, que eran primos, y un amigo de ambos, José Luis Lacave. Al ver caer la bomba corrieron hacia la casa número 24 de la Alameda de Apodaca, pero instantes después, una segunda bomba hizo explosión hiriendo de muerte a José María Bensusan y causándole lesiones graves en el brazo derecho a su primo Luis. Milagrosamente, José Luis Lacave resultó ileso. Una tercera bomba cayó en la Alameda. Fue víctima de ella José Guerrero Cabeza de Vaca, quien sufrió una gran herida por metralla en la cara anterior del muslo derecho, fractura abierta y conminuta con grandes destrozos musculares en todo el miembro superior derecho y gran herida penetrante en la región púbica con gran destrozo muscular. Falleció en el Hospital Mora.

La metralla de las bombas hirió también a varias personas que en esos momentos transitaban por dicho lugar y por la calle Isabel La Católica. Un basurero resultó ileso mientras que su volquete recibía varios impactos de trozos de metralla.

Dos bombas cayeron en el número 10 de la calle Fermín Salvochea, domicilio de Antonio Wagener, quien vivía en el mismo con su mujer y nueve hijos. Al encontrarse todos en una habitación donde bañaban a los niños y esta no resultar dañada, a pesar que una bomba cayó en una habitación contigua, todos salieron ilesos.

Otra cayó en el 2º piso del número 12 de la misma calle, en donde vivía Hermenegilda Pereira y su hijo Angel Reynares Pereira. La bomba rompió una viga del techo de la habitación en donde se encontraban y ésta al caer dio en la cabeza de Angel haciéndolo chocar contra la mesa donde estaba sentado. La mujer sufrió herida contusa en el parietal izquierdo y el hijo sufrió erosiones en distintas partes del cuerpo.

Otra bomba alcanzó la azotea del número 14 de la misma calle. Se supone que debía ser el objetivo militar del bombardeo de esa zona, pues en ella estaba situada el cuarto y la torre que servía de Estación de Radio-telegrafía de la Guardia Civil. La casa servía además de vivienda para varias familias de Guardias.. Curiosamente, en el 2º piso vivía el Sargento de la Guardia Civil Ramón Sánchez Herrada, padre de Ramón, el muchacho muerto en la Alameda. Todos resultaron ilesos.

Tras los primeros momentos de confusión, se produjo la reacción de la escasísima artillería antiaérea existente. Dos viejos cañones antiaéreos Vickers de 47/50 mm. comenzaron a hacer fuego contra los aviones. Uno estaba emplazado a popa del crucero "República", situado por entonces como batería flotante en la Punta de San Felipe, cuyos sirvientes estaban a las órdenes del Teniente Fernando Castellanos Pérez y el otro se había emplazado en tierra en el mismo lugar y lo mandaba el Capitán Vicente Barranco Soro..

Otra bomba fue a explosionar en la hoy plaza de España, donde alcanzó a Mercedes Benvenuty, de 15 años, quien fue herida de gravedad por metralla al nivel del triángulo de Scarpa con gran hemorragia. Falleció en el Hospital Mora.

A lo largo de la dirección que seguían los aviones fueron soltando bombas que cayeron en las Puertas de Tierra, sin víctimas, calle Tolosa Latour, en donde en el número 3 resultaron heridas cuatro personas, playa de Puntales, donde alcanzó a una persona, varón, que no pudo ser identificado y que falleció poco después cuando era trasladado al Hospital de San Juan de Dios y a Asunción Roquero Roquero, que murió por "Shock traumático por metralla". Por último, una bomba cayó en el mar dentro de la Bahía, recibiendo ya los aparatos el fuego de los modernos cañones Vickers AA. de 120/45 mm., modelo F, recién instalados en la Batería del Fuerte de La Cortadura.

Los aviones se perdieron hacia el Este volando a gran altura y dejando tras de sí un reguero de muertes inocentes. El balance de víctimas fue de siete muertos y veintiún heridos entre la población civil. No resultó afectada ninguna instalación militar.

Víctimas del bombardeo naval del 7 de agosto de 1936

Muertos:

Fernando Domínguez Rodríguez, de 36 años de edad, domiciliado en la calle Pasquín números 10, como todas las demás víctimas del bombardeo. Casado, con dos hijos pequeños que se encontraban enfermos de sarampión. Jardinero municipal. Falleció en el acto.

Heridos:

Teófilo Bravo, de 43 años, que resultó herido en ambas piernas. Fue ingresado en el Hospital Mora. Pronóstico grave.

Agustín Romero Núñez, de 29 años, casado, fotógrafo ambulante. Herido de carácter leve, fue atendido al igual que todos los demás heridos en la casa de la Asistencia Pública de la calle Compañía número 10.

Enrique Barrios Labrador, de 18 años, soltero. Herido de carácter leve.

Carmen Rodríguez Aragón, de 22 años, soltera. Herida de carácter leve.

Catalina Aragón Aragón, de 13 años. Resultó herida en la cara interna y tercio inferior de la pierna derecha.

María Aragón Aragón, de 11 años. Sufrió herida contusa en la región parietal derecha de carácter leve.

Juan Barrios Labrador, sufrió una herida de carácter leve.

Víctimas del bombardeo aéreo del día 25 de agosto de 1936

Las personas que resultaron heridas o algunas de las que fallecieron a causa del bombardeo fueron atendidas en diversos hospitales e instituciones sanitarias. A continuación se relacionan las víctimas agrupándolas en función de donde fueron atendidas:

Hospital de Mora

Félix Barrios, 77 años, domiciliado en la c/ Beato Diego de Cádiz nº 11. Herida de metralla en cabeza y en cadera derecha. Pronóstico reservado. Resultó herido en la calle Isabel La Católica.

Juan Caldelas Iglesias, 66 años, vecino de Puerto Real. Herida contusa de 4 cms. en el frontal. Pronóstico reservado. Fue herido en la Alameda.

Pedro Amador Collantes, 48 años, domiciliado en la c/ Teniente Andujar nº 38 y 40. Herida por metralla en la región escapular derecha.

Antonio Boada López, 33 años, domiciliado en la c/ Bendición de Dios nº 5. Erosiones en la pierna derecha y pie izquierdo por metralla.

Josefa Barea Jiménez, 25 años, domiciliada en la c/ Isabel La Católica nº 27. Herida por metralla en muslo derecho.

Mercedes Benvenuty, 15 años. Herida por metralla al nivel del triángulo de Scarpa con gran hemorragia. Pronóstico grave. Falleció en el Hospital.

Hospital de San Juan de Dios

Salvadora Reguera, domiciliada en la c/ Tolosa Latour nº 3. Fractura complicada de la tibia y del peroné.

Carmen Pedreño, domiciliada en la c/ Tolosa Latour nº 3. Herida contusa de 3 cm. en el escapular derecho y ambos brazos.

Magdalena Nieto, domiciliada en la c/ Tolosa Latour nº 3. Heridas en diversas partes del cuerpo.

Lucas López, domiciliado en la c/ Tolosa Latour nº 3. Erosiones en el brazo y muslo derecho.

Luis Álvarez Osorio y Bensusan, domiciliado en la c/ Alameda nº 3, casado, 11 hijos, abogado. Sufrió lesiones graves en el brazo derecho teniendo que serle amputado. Fue herido en la Alameda. Número registro de Alta en el Hospital 30.121.

José María Bensusan y Silóniz, 43 años, domiciliado en la plaza de la Constitución nº 2, casado, 4 hijos, abogado. Ingresó en estado preagónico, falleciendo en el Hospital. Resultó alcanzado por una bomba en la Alameda. Número registro de Alta en el Hospital 30.120.

Casa de Socorro de la calle Adriano. (Extramuros).

Ramón Pérez Rodríguez, 50 años, domiciliado en la calle Adriano nº 59. Sufrió erosiones en el brazo izquierdo.

José Santos Gallet, 30 años, domiciliado en la Avenida 14 de Abril de 1931 nº 11. Herida contusa de 3 cms. en un mentón.

Casa de Socorro (Caballeros Hospitalarios)

Hermenegilda Pereira, domiciliada en la c/ Fermín Salvochea nº 12, 2º. Sufrió herida contusa en el parietal izquierdo.

Ángel Reynares Pereira, 26 años, mismo domicilio, era hijo de la anterior, cobrador de arbitrios. Sufrió erosiones en distintas partes del cuerpo.

Juan Bernal Nieto, domiciliado en la c/ Dr. Zurita nº 2. Sufrió erosiones en la mano derecha.

Eduardo Iglesias Ríos, domiciliado en la c/ Bendición de Dios nº 12. Herido en la cabeza.

Carmen Gallego, de 9 años. Vivía cerca de la Fábrica de Torpedos. Resultó herida de metralla a nivel del pezón derecho, ambos muslos, pierna y brazo derecho.

José Guerrero Cabeza de Vaca, 27 años, era conocido como el Chele, domiciliado en la c/ Enrique de las Marinas nº 39. Trabajaba de dependiente en un despacho de la calle San José, y también vendía periódicos. Era jugador de fútbol. Iba por la Alameda cuando fue herido. Presentaba una gran herida por metralla en la cara anterior del muslo derecho, fractura abierta y conminuta con grandes destrozos musculares en todo el miembro superior derecho y gran herida penetrante en la región púbica con gran destrozo muscular. Fue trasladado al Hospital de Mora donde falleció.

Asistencia pública de la calle Compañía número 10

Salvador Barrera, artillero del Regimiento de Artillería de Costa nº 1 que transitaba casualmente por la calle Isabel La Católica. Sufrió una contusión en región escapular izquierda.

Eduardo Benítez, domiciliado en la c/ Virgili nº 3. Resultó herido de metralla en antebrazo izquierdo cuando transitaba por la Alameda.

Juan Rodríguez, domiciliado en la c/ San Isidro nº 1. Sufrió herida contusa de 3 cms. en pierna izquierda cuando pasaba por la calle Isabel La Católica.

José Quirós, domiciliado en la c/ Sto. Domingo nº 20. Resultó herido por metralla en rodilla izquierda cuando transitaba por la plaza de la República.

Además de los relacionados, resultaron muertos por el bombardeo:

Ramón Sánchez Gey, 14 años, domiciliado en la calle Fermín Salvochea número 14. Pertenecía a la Sección Infantil de la Falange (Balillas). Sufrió graves heridas en el costado derecho por casco de metralla. Falleció en el acto.

José García Barrera, muchacho sillero que se hallaba trabajando en la antigua construcción militar que existía en la Alameda frente a la calle Isabel La Católica. Falleció en el acto debido a shock traumático por metralla.

Asunción Roquero Roquero, con domicilio en la Avenida Marconi. Falleció por shock traumático por metralla.

Un varón no identificado al que alcanzó la bomba que estalló en Puntales causándoles lesiones de las que murió mientras era conducido al Hospital de San Juan de Dios.

LAS CHECAS NO TENÍAN PIEDAD

LAS CHECAS NO TENÍAN PIEDAD

Por César Vidal

Los interrogatorios se encaminaban desde el principio a arrancar al reo alguna confesión sobre sus creencias religiosas o simpatías políticas, circunstancias ambas que servían para incriminarlo con facilidad.

Tal fue el caso de Dolores Falquina y García de Pruneda, de 25 años, a la que se detuvo el 2 de octubre de 1936. Al día siguiente, de madrugada, se procedió a juzgarla preguntándole “si era de Acción Católica” e instándola a que revelara dónde se hallaban ocultos unos jóvenes falangistas. Dolores Falquina reconoció que efectivamente era secretaria de la parroquia de San José, pero afirmó que desconocía a los jóvenes de Falange. La acusada pensó que al no existir ninguna relación con los muchachos se la pondría en libertad. Sin embargo, aquel mismo día fue sacada de la celda para ser asesinada.

En el curso de este interrogatorio, el acusado no disfrutaba de ninguna defensa profesional e incluso era común que se le intentara engañar afirmando que se poseía una ficha en la que aparecía su filiación política. Como mal añadido, se daba la circunstancia de que los reos eran juzgados de manera apresurada y masiva, lo que facilitaba, sin duda alguna, la tarea de los ejecutores, pero eliminaba cualquier sombra de garantía procesal. Así, por citar un ejemplo significativo, durante el mes de octubre de 1936, un abogado llamado Federico Arnaldo Alcover acudió al Comité para visitar a Arturo García de la Rosa, uno de los dirigentes de la checa. Alcover iba acompañado de un familiar de García de la Rosa y se le permitió asistir a uno de los procedimientos de interrogatorio. Pudo así comprobar que en el espacio de media hora se procedió a interrogar a una docena de personas recurriendo a cuestiones que dejaban de manifiesto los prejuicios de los chequistas. Concluidos los interrogatorios, sin que se tomara acta de lo sucedido ni se procediera a la firma de la misma, se decidía la suerte de los acusados que, en su inmensa mayoría, eran condenados a muerte y asesinados de madrugada.

Los tribunales de la checa seis en total con dos de ellos funcionando de manera simultánea mantenían una actividad continua que se sucedía a lo largo de la jornada, en tres turnos de ocho horas, que iban de las 6 de la mañana a las 14 horas, de las 14 a las 22 y de las 22 a las 6 del día siguiente (...) La actividad, no ya de los tribunales pero sí de las brigadillas, era especialmente acusada durante la noche y la madrugada que eran los períodos del día considerados como especialmente adecuados para proceder a los asesinatos de los reos. Las sentencias dictadas por los diferentes tribunales carecían de apelación, eran firmes y además de ejecución inmediata. A fin de ocultar las pruebas documentales de los asesinatos, éstos se señalaban en una hoja sobre la que se trazaba la letra L, igual que en el caso de las puestas en libertad, pero para permitir saber la diferencia a los ejecutores, la L que indicaba la muerte iba acompañada de un punto.

Una vez establecido el destino del reo, éste era entregado a una brigadilla de cuatro hombres bajo las órdenes de un “responsable”. Todos los partidos y sindicatos del Frente Popular contaban con representación en las diferentes brigadillas. Sin embargo, ocasionalmente las tareas de exterminio encomendadas a estas unidades eran demasiado numerosas y entonces se recurría para llevarlas a cabo a los milicianos que prestaban servicios de guardia en el edificio de la checa.

Entre los jefes de brigadilla de la checa de Fomento algunos destacarían por su actividad asesina. Tal fue, por ejemplo, el caso de Antonio Ariño Ramis, alias El Catalán . Delincuente común, antiguo recluso en la Guayana francesa, fue responsable directo de multitud de asesinatos en la capital y en poblaciones de la provincia como Vallecas o Fuentidueña del Tajo. Sus acciones en la checa de Fomento serían consideradas por las autoridades republicanas como un mérito, ya que cuando se procedió a disolverla pasó a formar parte de Consejillo de Buenavista, encargado también de tareas represoras.

(...) Desde luego, resulta difícil descartar que al menos en algunas ocasiones la razón fundamental de las detenciones –detenciones que concluían en fusilamientos- fuera meramente el robo. Por ejemplo, el 26 de septiembre de 1936, se procedió al asesinato de Rafael Chico y su hijo Luis Chico Montes, de un cuñado del primero, llamado Hipólito de la Fuente Grisaleña y de Jaime Maestre Pérez, redactor jefe de El Siglo Futuro. El rendimiento económico se produjo al forzar y robar la caja fuerte número 1055 que la familia tenía arrendada en el banco Hispano Americano.

En otras ocasiones, tras los fusilamientos sólo puede suponerse la existencia de antipatías personales. Tal fue el caso de Antonio García García, acomodador sexagenario del cine San Carlos, al que se detuvo y asesinó sin razón clara o el de José Fernández González, un jefe de la tahona sita en la calle Mira el Sol, número 11 al que denunció un antiguo subordinado suyo convertido en chequista.

No faltaron igualmente los casos de asesinatos de grupos enteros de detenidos en claro preludio de lo que iban a ser las matanzas en masa de finales del año 1936. Así, el 28 y el 31 de octubre de 1936 se llevaron a cabo dos sacas, en el curso de cada una de las cuales se procedió a asesinar a 70 personas por acusaciones como las de querer ser seminarista.

Resulta obvio que la checa de Fomento sirvió en multitud de ocasiones para exterminar a aquellos que habían sido puestos en libertad por otras instancias judiciales. Así, por citar un ejemplo, el 21 de septiembre de 1936, Francisco Ariza Colmenarejo –que era consciente de esta terrible circunstancia- suplicó al director general de Seguridad que no se procediera a liberarlo mientras las autoridades republicanas no garantizaran su seguridad. Dos días después se expidió una orden de libertad en la que se hacía constar que gozaba del aval del Comité Provincial de Investigación Pública. Entregado así a la checa de Fomento, Ariza Colmenarejo fue asesinado.

En el caso de personas que hubieran incomodado al socialista Largo Caballero y que fueran asesinadas pueden mencionarse al menos dos casos. El primero es el de Angel Aldecoa Jiménez, de 58 años, magistrado, que fue detenido porque había juzgado un atentado relacionado con Largo Caballero, al parecer, no de la manera que hubiera complacido al dirigente socialista. Aldecoa pagó su independencia judicial frente al PSOE con el fusilamiento. El segundo es el de Marcelino Valentín Gamazo. Fiscal general de la República, Gamazo acusó a Largo Caballero por los sucesos de octubre de 1934 en estricto cumplimiento de sus deberes dentro de la legalidad republicana. EL 5 de agosto de 1936, un grupo de milicianos llegó a la casa de campo de Rubielos Altos donde residía Gamazo con su familia y tras realizar un registro y proceder a destrozar los objetos religiosos, comenzaron a golpearle delante de sus hijos pequeños a pesar de sus súplicas para que ahorraran a los niños de aquel espectáculo. (...) A las doce y media de la noche, en el paraje conocido como Cerrajón, del término de Tevar, Cuenca, Marcelino Valentín Gamazo y sus hijos José Antonio, Javier y Luis de 21, 20 y 17 años respectivamente fueron fusilados.

Las matanzas que ordenó Santiago Carrillo

(...) Ese mismo día llegaron a San Antón nuevas órdenes de Serrano Poncela ordenando la puesta en libertad de más reclusos. Según el método habitual, al día siguiente, a esos detenidos se les incluyó en dos sacas cuyos miembros terminaron también siendo asesinados en Paracuellos. El día 29 de noviembre tuvo lugar una nueva saca en el curso de la cual fue asesinado, entre otros muchos, Arturo Soria Hernández, hijo del urbanista creador de la Ciudad Lineal. El 30, se efectuaría la última saca de San Antón. Cuando concluyeran, finalmente, las matanzas de aquellos días, millares de madrileños habrían sido asesinados por las fuerzas de la Junta de Defensa cuya Consejería de Orden Público se hallaba dirigida por el comunista Santiago Carrillo (...)

La responsabilidad directa y esencial de Carrillo en millares de crímenes ha sido confirmada de manera irrefutable tras la apertura de los archivos de la antigua URSS. Al respecto, existe un documento de enorme interés emanado del puño y letra de Gueorgui Dimitrov, factótum a la sazón de la Komintern o Internacional Comunista. El texto, de 30 de julio de 1937, está dirigido a Voroshílov y en él le informa de la manera en que prosigue el proyecto de conquista del poder por el PCE en el seno del Gobierno del Frente Popular. El documento reviste una enorme importancia, pero nos vamos a detener en la cuestión de las matanzas realizadas en Madrid que Dimitrov menciona en relación con el peneuvista Irujo:

“Pasemos ahora a Irujo. Es un nacionalista vasco, católico... Quería detener a Carrillo, secretario general de al Juventud Socialista Unificada, porque cuando los fascistas se estaban acercando a Madrid, Carrillo, que era entonces gobernador, dio la orden de fusilar a los funcionarios fascistas detenidos”.

La violación y asesinato de las hermanas del vicecónsul uruguayo

El mayor reto para las legaciones extranjeras era el de poder responder a las peticiones de asilo que formulaban centenares de personas. Buen número de los solicitantes eran ciertamente gente católica y conservadora, pero tampoco faltaban los apolíticos perseguidos por su carrera o su posición social ni los republicanos e incluso los izquierdistas moderados que comprendían que su vida peligraba en medio del marasmo cruento de la revolución (...).

Las autoridades del Frente Popular no se limitaron a presionar a las legaciones diplomáticas para que les entregaran a los refugiados, sino que en no pocas ocasiones recurrieron al uso de la violencia para conseguir sus propósitos. Así, por ejemplo, el 7 de noviembre de 1936, un grupo de milicianos anarquistas entre los que se encontraba el conocido atracador Felipe Emilio Sandoval, detuvo un automóvil en el que iba el médico de la cárcel Modelo Gabriel Rebollo Dicente en compañía de un funcionario de la legación noruega llamado Werner. A pesar de que el vehículo llevaba bandera diplomática, los milicianos sacaron de su interior al doctor Rebollo procediendo a asesinarlo. Las violaciones del Derecho Internacional no se limitaron, sin embargo, a vehículos. Así, los locales de la embajada de Brasil, situados en el paseo de la Castellana, números 55 y 57, fueron asaltados el 7 de mayo de 1938 por efectivos de la policía y de los guardias de asalto, que no sólo efectuaron un registro de las dependencias, sino que además se llevaron objetos de valor. En el caso de Alemania e Italia se produjeron sendas irrupciones de milicianos en los recintos diplomáticos una vez que ambos países reconocieron al Gobierno de Franco. Afortunadamente para los refugiados, en su mayoría ya habían sido puestos a salvo. Lo mismo podría señalarse de las embajadas de Finlandia y de Perú, que fueron allanadas siguiendo instrucciones de las autoridades republicanas.

En alguna ocasión, la violencia del Frente Popular contra los diplomáticos que intentaban paliar los efectos del terror revistió características especialmente repugnantes. Tal fue el caso de la descargada sobre la legación de Uruguay en Madrid que tenían entre los 18 y los 23 años. Los milicianos procedieron tras el rapto de las muchachas a violarlas y asesinarlas. El sábado aparecieron los tres cuerpos arrojados a una cuneta al este de Madrid. El triple asesinato acompañado de violación era una obvia advertencia del Frente Popular, que prohibió enviar despachos a los corresponsales extranjeros narrando lo sucedido. La respuesta, plenamente justificada, de Uruguay consistió en romper relaciones diplomáticas con la España del Frente Popular.

El mundo de la cultura se dividió entre soplones y acusados

Lejos de denunciar lo que estaba sucediendo, no fueron pocos los intelectuales que legitimaron las muertes e incluso unieron sus voces a las de aquellos que indicaban a nuevas víctimas a la vez que exigían su eliminación (...).

El 25, Miguel de Unamuno, que se había manifestado repetidamente contra el Frente Popular y ahora apoyaba a los alzados, fue cesado de su cargo de rector vitalicio de la universidad de Salamanca y tres días después, la universidad de Madrid era objeto de un cambio de cargos y nombramientos que llevarían, por ejemplo, a Julián Besteiro a convertirse en decano de la facultad de Filosofía y Letras y a Juan Negrín a ocupar la secretaría de la facultad de Medicina.

Al igual que había sucedido en Rusia durante la revolución, los intelectuales partidarios del Frente Popular se habían arrogado el derecho de expulsar de la vida pública –e incluso de la física- a aquellos que no comulgaran con su especial cosmovisión. Así, el 23 de agosto, la Alianza de Intelectuales Antifascistas celebró una asamblea cuya finalidad era depurar la Academia Española de la Lengua, cuyos miembros eran mayoritariamente de derechas. El comité de depuración, auténtica checa de la cultura, estuvo formado por Maroto, Luengo, Abril y, por supuesto, el poeta Rafael Alberti. La depuración fue durísima pero pareció escasa a las organizaciones del Frente Popular, que la consideraron un tanto tibia. Nuevamente, los intelectuales decidieron plegarse a los intereses partidistas, unos intereses que desde hacía semanas se escribían en sangre, y el 30 de julio publicaron un manifiesto de adhesión a la República.

La declaración, ciertamente escueta, estaba suscrita por una docena de intelectuales de primera fila y decía así: “Los firmantes declaramos que, ante la contienda que se está ventilando en España, estamos al lado del Gobierno de la República y del pueblo, que con heroísmo ejemplar lucha por sus libertades”. Ramón Menéndez Pidal, Antonio Machado, Gregorio Marañón, Teófilo Hernando, Ramón Pérez de Ayala, Juan Ramón Jiménez, Gustavo Pittaluga, Juan de la Encina, Gonzalo Lafora, Pío del Río Ortega, Antonio Marichalar y José Ortega y Gasset”.

No deja de ser todo un símbolo que ese mismo día fuera detenido Ramiro de Maeztu, otro de los grandes intelectuales de la época, en un piso de la calle Velázquez, número nueve. Se trataba del domicilio de su amigo José Luis Vázquez Dodero, que había aceptado esconderlo desde la noche del 17 de julio. Fue trasladado inmediatamente a la comisaría de Buenavista, donde un inspector lo puso en libertad al no encontrar ninguna causa legal que motivara su detención. Sin embargo, Ramiro de Maeztu, dado que ya eran las 11 de la noche y que lo esperaba un coche de milicianos a la puerta, solicitó que lo detuvieran. (...) Finalmente sería asesinado en una de las matanzas masivas realizadas en la época en que Carrillo era consejero de Orden Público.

Las motivaciones para aquella conducta de apoyo a una revolución extraordinariamente cruenta se hallaron en ocasiones en la convicción ideológica y otras, como el caso de Bergamín, en el miedo. Un caso similar fue el del poeta Juan Ramón Jiménez. Claro que no estaba sólo el miedo. Además estaba la defensa de los asesinatos por parte de aquellos que, sinceramente, estaban convencidos de que era lo mejor que podía hacerse en aquellos momentos. En honor a la verdad, hay que decir que no fueron muchos aparte de Rafael Alberti y su mujer.

(...) La poda que pretendían los partidarios del Frente Popular era de tal magnitud que, de haberse podido llevar a cabo, hubiera significado la creación de un páramo cultural sin precedentes en la Historia de España. Entre los condenados por la inquisición frentepopulista se hallaban los escritores Enrique Jardiel Poncela, Carlos Arniches, Ramón Gómez de la Serna, Eduardo Marquina, Tomás Borrás, José Juan Cadenas, A. Fernández Arias, Joaquín Calvo Sotelo, Ignacio Luca de Tena, M. Morcillo, Pilar Millán Astray, José María Pemán, Jacinto Miquelarena, Adolfo Torrado, Ramón López Montenegro, Jesús J. Gabaldón, Pedro Mata, Alejandro McKimlay, Antonio Quintero y Felipe Sasone, junto a compositores como Moreno Torroba, Jacinto Guerrero o Rosillo, cuya música debía de contener, presuntamente, corcheas antirrevolucionarias. No fueron, desde luego, los únicos músicos que tenían que temer. (...) Alberti, convertido, gracias a su condición de militante comunista, en dispensador de patentes de limpieza de sangre política, anunció que se negaba a participar como recitador en un acto organizado por la Asociación Profesional de Periodistas dado que en él iba a intervenir también el músico Joaquín Turina, porque no lo consideraba afecto al régimen.

TERROR POLICIACO

TERROR POLICIACO

En un principio el Gobierno prescinde prácticamente de las fuerzas de Orden Público, de las que desconfía, dándose cuenta de la incompatibilidad entre dichas instituciones —en general informadas por unos principios tradicionales de honor y de disciplina— y los pistoleros y turbas armadas que defienden al régimen. Son numerosísimos los miembros de estos organismos de Orden Público que caen asesinados y muy escasos los que, como rara excepción, aparecen identificados con el Gobierno rojo y gozan de su confianza.

El Cuerpo de Policía y el de Seguridad, así como la Guardia Civil, son diezmados, y el nombre de este benemérito Instituto es substituido por el de Guardia Nacional Republicana, siendo llamados a sus filas, para reforzarlas y llenar los claros producidos por los asesinatos y cesantías, multitud de facinerosos.

La Policía queda mediatizada y el personal profesional restante—que por haberse librado de la expulsión o del asesinato y no haber encontrado facilidades para la huida continúa en su puesto—se encuentra sometido a una rigurosa vigilancia ejercida por los nuevos elementos policíacos reclutados entre los afiliados a partidos y organizaciones extremistas, y cuya misión en la Policía oficial no era servir al Estado ni al orden público, sino a sus partidos de procedencia.

En declaración prestada ante la Causa General de Madrid por el ex Comisario general de Policía rojo, Teodoro Illera Martín, se hacen, a este respecto, las siguientes manifestaciones: «...Por último, los agentes nombrados por la Dirección roja procedían a detener a aquellas personas que consideraban desafectas y las entregaban en la Comisaría con una nota en la que explicaban los fundamentos de la detención. Desde luego, estas detenciones eran casi siempre arbitrarias, dada la falta de preparación técnica de tales agentes improvisados y su acusado matiz político. Tiene que significar que las detenciones practicadas por estos agentes carecían de toda regularidad, de tal forma, que unas veces entregaban los detenidos en la Comisaría y otras veces los detenían obrando por orden de los Radios Comunistas u otras organizaciones, y no eran llevados a ningún centro oficial de Policía... En la organización de la Policía de Madrid puede decirse que se conservó la mecánica tradicional en ella, en lo que al formulismo se refiere ; pero al lado de esta organización oficial existían, de una parte, los llamados «incontrolados», que eran elementos manejados por las organizaciones políticas con anuencia del Poder, y de otra, la C. N. T., Radios Comunistas y otros elementos que ejercían funciones policíacas con entera autonomía y libertad. En estas organizaciones era donde realmente radicaba la fuerza. Durante esta época era frecuentísimo que los familiares de las personas detenidas por estas organizaciones, fiando en la organización más seria y responsable de la Policía, llamaban angustiosamente a los Comisarios para pedirles protección. Los Comisarios siempre mandaron agentes adonde eran solicitados, pero aquí tiene que hacer notar que entre los agentes los había de dos clases : de una parte estaban aquellos que siempre pertenecieron a la Policía, los cuales eran mal vistos de los rojos, precisamente por su seriedad e independencia política, y de otra aquellos qué los mismos rojos habían nombrado para servir sus intereses políticos. Los agentes incluidos en la primera de dichas clases vivían atemorizados, y por ello siempre rehuían el practicar estos servicios, en los que el choque con las milicias podía serles fatal, y en cambio los otros, cuando llegaban a casa de los detenidos, lejos de defenderlos contra los desafueros de los Radios y Comités, como ellos mismos formaban en sus organizaciones, llegaban a ayudarles... La Policía nunca tuvo relación con las «checas» en el ejercicio de sus funciones, sino que antes bien siempre una especie de pugna. No quiere decir esto que muchos de los detenidos por la Policía no fueran a las «checas» ; pero esto se efectuaba por la Dirección General, que era quien, una vez recibidos los detenidos que las Comisarías les enviaban, los entregaban a las «checas» o cárceles, según los casos... Lo que sí se daba en algunos casos era que los elementos de las «checas» se colocaran las placas de los agentes a los que ellos mismos daban muerte, y no había posibilidad de pedirles la documentación para comprobar si eran tales, pues la contestación era el clásico «paseo» ... En una ocasión tuvo noticias el declarante de que en los Ministerios nuevos se efectuaban asesinatos y llegó a tener conocimiento del siguiente hecho, que le pareció monstruoso : Dos milicianos violaron a dos señoritas, matándolas después, pero con tal ensañamiento, que uno de ellos disparó sobre la joven a quien había violado cuando aún la estaba poseyendo, saltando la masa encefálica de la desgraciada muchacha en la propia cara del asesino. Inmediatamente el dicente ordenó colocar un servicio muy estrecho en aquellos alrededores, y le consta que desde entonces no volvieron a cometer ningún atropello allí. El Ministerio de la Gobernación mantenía unas Milicias de Retaguardia, que eran fuerzas a las órdenes del Ministro, con absoluta independencia de la Policía... A juicio del declarante, toda la responsabilidad por los hechos acaecidos durante esta época cabe a la falta de energía y dignidad en su cargo del Director General Manuel Muñoz, pues le sobraban medios materiales y apoyos morales para haber evitado esta acción de los Radios, «checas» y Milicias. Esto lo prueba suficientemente el hecho de que los comisarios en sus distritos, esfera de acción mucho más reducida, cuando supieron imponerse y hacerse respetar de estos elementos, lograron evitar numerosos atropellos, como ya tiene reseñado en su declaración. Este Muñoz toleró la existencia y acción de las Brigadas del Amanecer. La Técnica. (que funcionaba en la Dirección General) y la de Terry y una que controlaba el Subdirector Carlos de Juan. Estas Brigadas cometieron toda clase de tropelías hasta fines de noviembre... El 7 de noviembre de 1936, con motivo de la proximidad de las Fuerzas nacionales, el Gobierno huye a Valencia, y en Madrid se constituye la Junta de Defensa bajo la presidencia de Miaja. Con esto surge una nueva organización de los servicios de Policía. Se crea el Consejo de Gobernación, cargo que ocupa Santiago Carrillo, estableciéndose este organismo en Serrano, 37. Este Consejero de Gobernación es como un Ministro de la Gobernación, cuyas funciones se circunscriben a Madrid. El Jefe Director de la Policía es el Delegado General de Orden Público, cargo que ocupa Serrano Poncela, y también se establece en Serrano, 37... Se crea también un Consejo de Seguridad, que depende directamente del Consejero de Gobernación, aunque en la práctica es autónomo y no conoce limitación en su poder. Entran a formar parte en este Consejo elementos del disuelto Comité de Investigación Pública («checa» de Fomento).. Los demás componentes de la disuelta «checa» de Fomento fueron distribuídos por las Comisarías de dos en dos. Se les destinó a las Comisarías por un oficio del Director General, en el que se decía que iban en calidad de ayudantes de los Comisarios ; pero en realidad su papel era el de controles políticos... El 6 de enero de 1937 el dicente recibe un telegrama del entonces Director General de Seguridad, Wenceslao Carrillo, ordenándole que se incorpore a Valencia... La anarquía reinante en Valencia era aún mucho mayor que la de Madrid. Se daba el caso de que llegara a la puerta del Palacio de Benicarló, donde se celebraban los Consejos de Ministros, algún agente de estas milicias antifascistas, y sin autorización alguna y por propia iniciativa se llevaba los coches de los Ministros... Recuerda que dos agentes de Policía se encontraban en un café y aproximándose un grupo de milicias, les preguntaron los nombres, y seguidamente los asesinaron allí mismo... Poco a poco el Gobierno ha conseguido, cuando llega el mes de abril, una organización de tipo normal ; pero, no obstante, por aquella época el Ministro Galarza crea el D. E. D. I. D. E. (Departamento Especial de Información del Estado). Este Departamento es como algo de transición entre las milicias y la Policía. En resumen, una modificación o atenuación de las Milicias de Retaguardia. Parece obedecer esto a un criterio constante en Galarza de tener siempre bajo sus órdenes alguna organización que sirviese para protegerle en su miedo. Estas nuevas milicias tienen sus agentes y cárceles propias. Entre éstas, las tristemente célebres «checas» de Santa Ursula de Valencia. En este D. E. D. I. D. E. pueden hallarse un antecedente del S. I. M., y una vez creado éste, se refunden los dos organismos... Las funciones de la Policía en esta época se limitan a protección de edificios y personajes oficiales y represión de alzamientos de la C. N. T. en Levante. Todas las demás funciones las ejerce el D. E. D. I. D. E. ... La Policía de Barcelona, aparte de todas sus otras inmoralidades, tenía establecido un fantástico negocio que giraba alrededor de la evasión de personas y capitales. Muchos de los agentes decían estar agregados a los Consulados del Mediodía francés, cosa que no era cierta, y que aprovechaban para dedicarse al contrabando de alhajas y capitales en provecho propio. Se calculaban en 2.000 millones de pesetas los valores sacados a Francia por este procedimiento. Alrededor de los pasaportes se estableció también un enorme negocio. Y el salir de Cataluña era cuestión de abonar una cantidad más o menos crecida... No siempre se lograron estas evasiones, sino que frecuentemente cogían el dinero y luego asesinaban a las personas a las que habían desvalijado por este procedimiento... Fue nombrado Presidente de un Tribunal de exámenes en Madrid para el ingreso en la Policía de los agentes interinos y elementos de las Milicias de Retaguardia. Coincidió este nombramiento con el de Comisario General de Madrid, de cuyo cargo toma posesión el 11 de septiembre de 1937. Ya a partir de esta época no existen las «checas», que son sustituidas por el S. I. M., con el que no guarda la menor relación la Policía... Existía también una «Brigada Especial» creada por el anterior Comisario General David Vázquez Baldominos, de filiación socialista. La mandaba Fernando Valentí, procedente del grupo de agentes provisionales, ya con categoría de Comisario. Esta Brigada, aunque de organización policial, estaba controlada por los socialistas, y como en ella se dieran malos tratos a los detenidos, el dicente la disolvió. Cuando fué disuelta, sus componentes fueron reclamados por el S. I. M., de matiz socialista, pues sin ser de este partido no se podía pertenecer al S. I. M. El S. I. M. procedió siempre, además de con gran crueldad, con procedimientos ladinos y capciosos. Una de sus actividades era lanzar a sus agentes sobre personas de gran indiferencia política y las asustaban diciéndoles que los nacionales estaban para entrar y que era conveniente que se alistaran en Falange para encontrarse garantizados a la llegada del Ejército. Cuando por este procedimiento reunían ciento cuarenta o ciento cincuenta personas, entregaban las listas y decían que habían detenido a una Bandera completa de Falange...

La precedente declaración refleja de modo bastante aproximado el carácter de la Policía del Frente Popular y de aquellos organismos represivos creados por el Gobierno marxista para servirse de ellos directamente en medio del terror desordenado del periodo revolucionario.

Los departamentos y servicios policíacos de especial interés son confiados a los elementos de nuevo ingreso, procedentes de los organismos del Frente Popular, que despliegan todo su celo en fomentar artificiosamente, mediante la infiltración de agentes provocadores, complots contra el régimen marxista, que motivan la detención de numerosas personas que, brutalmente maltratadas en las prisiones de la Policía, son obligadas a reconocer imputaciones que, incorporadas al correspondiente proceso, acarrean la condena capital de los inculpados, como ocurrió en numerosos casos, entre ellos el de D. Antonio del Rosal y López de Vinuesa, que con otros doce, detenidos al mismo tiempo en Madrid, fué fusilado en el Campo de Paterna, de Valencia, en 29 de octubre de 1937, así como el de D. Javier Fernández Golfín y D. Ignacio Corujo, que en unión de varios compañeros suyos fueron ejecuta-dos en los fosos de Montjuich, en Barcelona, en el año 1938, después de haber sido unos y otros inhumanamente maltratados en Madrid durante largo tiempo.

Acerca del trato recibido por los detenidos en la prisión policíaca de la Ronda de Atocha, número 21 (antiguo Convento Salesiano de Madrid), el ex Diputado de Izquierda Republicana y Tesorero de la Cruz Roja Española de Madrid durante la lucha civil, don Ramón Rubio Vicente, manifiesta lo que sigue ante la Causa General : «Que a mediados de junio de 1937 llegaron al declarante noticias del régimen insufrible y de los malos tratos aplicados a los detenidos en la prisión preventiva dependiente de la Dirección General de Seguridad roja y establecida en el antiguo Convento de Salesianos de la Ronda de Atocha, número 21 (María Auxiliadora). En unión del Delegado de la Cruz Roja Internacional, Sr. Vizcaya, obtuvo del Comisario General de Policía, David Vázquez Baldominos, que le facilitase la visita a dicha prisión, y en esta primera visita, y en alguna otra que realizó, pudo comprobar que los presos eran objeto de malos tratos, que a las mujeres se las hacía declarar en cueros, y que en la enfermería los enfermos estaban tirados en el suelo. Todo esto aparte del régimen de escasez y privaciones, debido a desidia, como, por ejemplo, la falta absoluta de agua durante varios días, en medio del calor de aquel verano, por una avería en las cañerías, que nadie se ocupaba de reparar. Recuerda los nombres de los Agentes entonces de servicio, que eran Tomás Altozano y Manuel Linares Alcolea, ambos de Izquierda Republicana, y Cipriano Blas Roldán, del Partido Socialista, y como Sargento de la guardia, Antonio Parrondo. Merced a gestión del declarante se logra que la Comisaría General de Policía de Madrid admita en dicha prisión los servicios del Médico D. Aurelio Molero Berrio, nombrado por la Cruz Roja, y dicho señor, en unión del declarante, acudió a la prisión el 4 de julio, aprovechando la ocasión para enterarse del régimen e interioridades de aquel departamento; al abrir la puerta del calabozo número 5, donde había de prestarse asistencia a un enfermo, les hizo retroceder un paso el nauseabundo olor que allí se respiraba; en dicho calabozo encontraron encerrado a un hombre como de unos cuarenta años, que al ser examinado por el médico se quejaba de sufrir grandes dolores; su aspecto era horrible, como el de una persona secuestrada después de un largo cautiverio de penalidades y sufrimientos. Parecía un verdadero espectro, y se encontraba desnudo de medio cuerpo para arriba, con un pantalón hasta la rodilla, sin calcetines ni zapatos y tirado en el suelo, con una hoja de periódico. Preguntados los guardianes si aquel preso no tenía petate o colchoneta, contestaron que se la habían retirado porque el preso era de cuidado. El detenido manifestó al declarante que de madrugada pasaba mucho frío, y que entonces se tapaba con la hoja de periódico, que era lo único que tenía en el calabozo. Dicho calabozo tendría medio metro de ancho por dos o tres de largo, y hasta para reducir más sus dimensiones, estaba debajo de la escalera, por lo que resultaba abohardillado. El Médico, por indicación del declarante, aconsejó el traslado del enfermo a otro lugar mejor. Preocupado el declarante por estas atrocidades, gestionó de las autoridades rojas de Prisiones que dicha prisión policíaca fuese encargada al personal del Cuerpo de Prisiones, esperando que así mejorase la insufrible situación de los detenidos. Con posterioridad a la liberación se enteró el declarante de que el preso del calabozo número 5 era D. Enrique Urreta, Capitán del Ejército, y que, según referencias, está actualmente de guarnición en Burgos... Los calabozos de los pisos altos, que el declarante no visitó, eran conocidos entre los presos con el nombre de calabozos de la muerte, y, desde luego, las prolongadas incomunicaciones que en la Ronda de Atocha se prodigaban eran verdaderos medios de tortura, sabiendo todo el mundo lo que ocurría, sin que nadie se creyese en el caso de impedirlo, hasta que el declarante se preocupó de esta cuestión. Nuevamente, y después de la mejora observada en el trato de la prisión de Atocha, se recibieron noticias en el Comité Central de la Cruz Roja, por manifestaciones del Sr. Jiménez Balgañón, de que en dicho preventorio del Convento de los Salesianos volvían a aplicarse malos tratos, y preguntado sobre este hecho el Médico señor Molero, lo confirmó, en 18 de noviembre de 1937, diciendo que se trataba de un detenido que había ido a la Ronda de Atocha procedente de la Brigada Especial de Serrano, io8 (¿108?), y quedó dar el nombre al declarante. El 3 de diciembre de 1937, el Sr. Morata manifestó en una reunión del Comité Central de la Cruz Roja que se había enterado de que en la prisión de la Ronda de Atocha había unos cuarenta detenidos y que llevaban allí varios meses. Extrañado el declarante, que creía ya virtualmente desalojada aquella prisión, fué a hablar con Illera, por entonces Comisario General de Policía, a quien insistió sobre la necesidad de acabar con los malos tratos en dicha prisión y con las incomunicaciones prolongadas, ofreciéndole atenderle. En nueva visita realizada por el declarante a la prisión, en enero de 1938, encontró en cama en la enfermería a un detenido, todavía convaleciente de los malos tratos de que había sido víctima en la Brigada Especial de Serrano, 108, y dicho detenido agradeció los ofrecimientos del declarante estrechándole fuertemente la mano...»

Declaración que viene a confirmar insistentes manifestaciones en el mismo sentido hechas ante las Autoridades judiciales nacionales acerca de los martirios aplicados por la Policía del Frente Popular en la prisión de los Salesianos de Madrid y en sus demás dependencias, contándose entre estos testimonios el del Doctor Gerardo Sanz Ruber, quien dice, que a Javier Fernández Golfín le dieron dieciocho o veinte palizas ; que a Miguel Angel García Loma le fracturaron dos costillas, y que el propio declarante sufrió tales malos tratos, aplicados a un mismo tiempo por cuatro o cinco policías rojos, que estuvo orinando sangre por espacio de nueve días.

Al no resultar discreto ya, en la primavera del año 1937, la prosecución en masa de los asesinatos característicos de la anterior época, y cancelada o muy disminuída la actividad de las «checas», la Policía roja suele evitar por su parte la comisión de crímenes demasiado alarmantes, y se dedica a torturar a sus detenidos del modo que queda expuesto, sin que por ello cese en sus asesinatos.

Sin incluir las entregas de detenidos a las «checas», hechas por los diversos centros policíacos de Madrid durante los primeros meses de la contienda civil, han podido concretamente determinarse, por denuncias de familiares de las víctimas, diversos asesinatos a cargo de la Brigada Especial de Policía, establecida desde el año 1937 en la calle de Serrano, 108 , así como del preventorio policíaco de la Ronda de Atocha, números 21 y 23, directamente dependiente de dicha Brigada Especial ; y entre ellos, D. Faustino Ruiz Pérez, D. José Gracia Mairal, D. Antonio Fernández de las Heras, D. Juan Tortosa Franco, D. Cipriano Lozano Crespo, D. Martín Apesteguía Pisón, don Vicente San Juan Salamanca, D. Enrique Castillo López, D. Jesús García y García y D. Angel Rodríguez Tejada.

Los desmanes realizados por la Policía roja, no sólo reconocían en todos sus casos como víctimas a personas más o menos adversas al régimen político frentepopulista, sino que recaían muchas veces sobre personas completamente ajenas a la política, siendo la codicia o los intereses particulares de los miembros de la Policía roja, procedentes de las «checas», el único y exclusivo motivo de estos crímenes, acompañados con extraordinaria frecuencia de ultrajes al pudor y expoliaciones de la propiedad: Así, en los primeros días de octubre de 1937, unos Agentes de la Brigada de Información y Control de Frentes de la Policía roja, entre los que figuraban Fidel Losa Petite y Bibiano Bere Revolé —muy conocidos por su destacada actuación criminal— registraron el domicilio de doña María Irribarren Martínez, que fué detenida y despojada de mil pesetas halladas en su poder; fué víctima de diversos ultrajes, y después de pasar por el centro policíaco de la Brigada de Información y Control, establecido a la sazón en el paseo de la Castellana, fué conducida al sector militar de El Pardo y asesinada. El mismo agente rojo Fidel Losa Petite, secundado también por Bibiano Bere y otros individuos de la Policía del Frente Popular, condujeron en un automóvil, en septiembre del mismo año 1937, a la señorita Carmen Pérez Mansilla, de veinticuatro años, domiciliada en la calle del General Martínez Campos, número 9, haciéndola creer que la trasladaban a Alicante, desde donde le sería fácil salir de España en algún buque ; en la carretera la asesinaron, enterrándola en el propio lugar del crimen.

Otros muchos crímenes semejantes fueron llevados a cabo por la Policía roja y demás organismos oficiales represivos del Gobierno frentepopulista, incluso en época ya bien avanzada de la guerra, tanto en Madrid como en los demás territorios sometidos al dominio rojo, existiendo constancia judicial de estos hechos.

Con independencia de la Policía, el Gobierno marxista va creando otros diversos organismos represivos de carácter oficial, como el D. E. D. I. D. E. (Departamento Especial de Información del Estado) y el S. I. M. (Servicio de Información Militar).

Nace el D. E. D. I. D. E. en Valencia, siendo su núcleo fundador la Compañía de Milicias de Vigilancia de Retaguardia de Madrid, que servía de escolta personal al Ministro de la Gobernación Angel Galarza, a quien habían acompañado en su huída desde la Capital, donde los mencionados elementos afectos a Galarza habían cometido durante varios meses toda clase de crímenes sangrientos y de depreciaciones en la célebre «checa» de la calle del Marqués del Riscal, número 1. Al abandonar Galarza la Capital madrileña, ante el avance nacional en noviembre de 1936, encargó a varios de estos chequistas del transporte de las maletas cargadas con dinero y alhajas que el referido Ministro rojo se había reservado para sí y que no pudo aprovechar en definitiva por haberse apoderado violentamente de dicho tesoro las milicias anarquistas de Barcelona, que se enteraron oportunamente del paso por dicha ciudad de los milicianos de la escolta de Galarza encargados por éste de conducir a lugar seguro las maletas confiadas a su custodia por el Ministro.

Este primitivo núcleo del D. E. D. I. D. E. —organismo represivo extendido más adelante a toda la España roja— instaló en Valencia las famosas «checas» de Baylia y Santa Ursula, consistiendo las torturas empleadas en las mismas no sólo en brutales apaleamientos, sino en el uso de torniquetes para descoyuntar los miembros, quemaduras de las extremidades, introducción de estaquillas entre las uñas, retorcimiento de los órganos genitales, suspensión de la víctima (que quedaba colgada del techo con la cabeza hacia abajo), introducción de los detenidos en celdas cuyo piso, rebajado, se hallaba inundado por dos palmos de agua, etc. Otro de los castigos consistía en introducir a os detenidos, privados de alimentación, en unos cajones de un metro madrado de base y escasa altura, donde se les obligaba a permanecer encogidos durante varios días, hasta que se desmayaban. Entre multitud de         personas sufrieron estos martirios en las «checas» policíacas del E. D. I. D. E., en Valencia, D. José Selles Ogino y D. Emilio Calonarde Granell, cuyas declaraciones, así como otras muchas en igual sentido, obran en la Causa General de dicha provincia. Tanto al señor últimamente mencionado como a D. Jesús Domingo Vargues les fueron quemadas las plantas de los pies.

Dirigían las «checas» de Baylia y Santa Ursula—direc-Imente dependientes del Ministro Galarza—además del Comisario Juan Lobo, el Comandante rojo Justiniano García, jefe de la escolta del Ministro marxista ; el Capitán de milicias Alberto Vázquez y sus dos hermanos y, en resumen, cuantos habían ejercido mando en la «checa», madrileña de la calle del Marqués del Riscal, de donde procedían. Como técnico con amplia autoridad figuraba, entre otros extranjeros, un idividuo ruso que usaba el nombre de Peter Sonín, así como su mujer, Berta, cuya actuación alcanzó notoriedad en Valencia.

Las «checas» de Baylia y Santa Ursula, como las demás del D. E. D. I. D. E. en toda España roja, pasaron a depender en mayo de 1938 del S. I. M., cuando este nuevo instrumento de terror, creado en 1937 por el Ministro de Defensa Indalecio Prieto, acabó por absorber al D. E. D. I. D. E.

El D. E. D. I. D. E. dependía del Ministerio de la Gobernación y su mando supremo fué confiado, al poco tiempo de su creación, a Francisco Ordóñez, amigo de Indalecio Prieto pistolero de su escolta con anterioridad a la guerra,  uno de los asesinos comprobados del Diputado D. JOSÉ CALVO SOTELO.

Siendo Indalecio Prieto Ministro de Defensa, también en el año 1937, constituye el S. I. M., con amplísimas atribuciones que acaba por absorber al D. E. D. I. D. E., cuya misión informativa se consideró fracasada.

El S. I. M. no se limita a su específica esfera de investigación militar, sino que se convierte en la Policía política más siniestra y temible, imponiendo el terror tanto en los frentes como en la retaguardia y cometiendo numerosos asesinatos. El S.I.M. del Ejército del Centro (Madrid), quedó a cargo de Angel Pedrero García maestro socialista, delincuente contra la propiedad y amigo de Indalecio Prieto y de Angel Galarza, de quien era paisano Pedrero ; nombrado Jefe de Demarcación del S. I. M. con la graduación de Teniente Coronel, distribuye los mandos superiores de su Servicio entre sus antiguos compañeros de la «checa» de Atadell —a la que él mismo había pertenecido como segundo jefe— y completa el personal con una serie de agentes de policía socialistas, procedentes casi todos ellos de las «checas» .

El S. I. M. de Madrid aplicó a sus detenidos terribles malos tratos en su prisión de San Lorenzo (perteneciente con anterioridad al D. E. D. I. D. E.) y comete asesinatos en la capital, aparte de los que los agentes del S. I. M. podían impunemente cometer en los frentes de guerra. Se refieren a algunos de estos asesinatos las siguientes declaraciones obrantes en la Causa General de Madrid :

Don Miguel Minuesa Pueyo denuncia que el 25 de abril de 1938 fué detenido su hermano D. José Minuesa Pueyo por dos sujetos vestidos de Tenientes del Ejército rojo, que lo condujeron al Ministerio de Marina (S. I. M.), donde perdieron noticias del detenido el día 28 del mismo mes.

Don Fernando Martín Salgado, con domicilio en Núñez de Balboa, núm. 5, denuncia que su hermana política doña Sofía Follente Morlin, vecina de Pozuelo de Alarcón, cuyo hijo Gregorio se había pasado a zona nacional, fué detenido en Miraflores de la Sierra el 11 de julio de 1938 por agentes del S. I. M. y conducida al Ministerio de Marina, habiéndose enterado posteriormente el declarante de que la detenida había sido asesinada el día 24 del mismo mes y año.

Don Alfonso Mazariego Lavín, con domicilio en O'Donell, 20, hace constar que su tío D. Alfredo Chelvo Bosch, de sesenta y un años, con domicilio también en O'Donell, 20, fué detenido en el Sindicato de Técnicos de la C. N. T. el 13 de mayo de 1938, y conducido al S. I. M. del Ministerio de Marina, de donde desapareció sin que se volviera a tener noticia alguna de su paradero.

Don Rafael Castro de la Jara, Médico, con domicilio en esta capital, calle de Alcalá, 117, expresa que su hijo D. Joaquín Castro Moreno fué detenido el 25 de febrero de 1939 por dos agentes del S. I. M., uno de los cuales decía ser el Teniente Iglesias, quienes le llevaron a las oficinas de dicho centro (Ministerio de Marina), siguiéndole el declarante, que llegó hasta la puerta del Ministerio de Marina, oyendo al poco rato lamentos de su hijo a quien vió bajar corriendo las escaleras, quejándose de malos tratos, en cuyo momento los vigilantes le acribillaron a balazos; que practicada la autopsia por dos Médicos forenses, entre ellos el Dr. D. Arturo Santamaría, se apreciaron en el cuerpo de la víctima señales de magullamiento recientes; y que al asesinado le fueron robadas 800 pesetas que llevaba.

Según denuncia de D. Alfonso Cordón de Roa, con domicilio en Pozas, 18, su hermano D. Enrique Cordón de Roa, Abogado, fué detenido por agentes de la Brigada de Pedrero al salir del Palacio de Justicia de Madrid el 30 de septiembre de 1937, y conducido al Ministerio de la Guerra, desde donde se cree fué trasladado a Valencia, sin que hayan vuelto a tenerse noticias de su paradero.

Doña Agustina Povedano López, con domicilio en Jorge Juan, 94, denuncia que su marido D. Salvio Rivagorda Gómez, fué detenido por agentes del S. I. M. en la calle de Goya el día 29 de abril le 1938, siendo conducido a la «checa» del Ministerio de Marina, de donde desapareció el día 1 de mayo.

Doña Flora Baelo Navarro, domiciliada en Jorge Juan, (¿))4, manifiesta que su hermano D. Pedro Baelo Navarro fué detenido ,por agentes del S. I. M. el día 29 de abril de 1938, siendo conducido a las dependencias del referido S. I. M., donde dieron razón de él durante dos días, al preguntar sus familiares, sin que a partir de dicha fecha volviera a tenerse ninguna noticia del desaparecido.

En denuncia presentada por doña Vicenta Arce González, domiciliada en Doctor Esquerdo, 41, se consigna que su esposo D. Paulino Angel Sáinz fué detenido por agentes del S. I. M. el día 25 de agosto de 1938, siendo conducido al Ministerio de Marina, de donde desapareció, habiéndose hallado su cadáver el día 2 de septiembre en el Depósito Judicial e inhumado por la familia en el Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena.

Doña María González Parra, con domicilio en esta Capital, calle de Sagunto, núm. 10, denuncia que su hermana doña Elisa González Parra, telefonista, fué detenida por agentes del Servicio de Investigación Militar el 2 de julio de 1938 y conducida a la «checa» de San Lorenzo, de donde desapareció; habiendo tenido referencias la declarante, obtenidas en la Cruz Roja Internacional, de que en las oficinas del S. I. M., de Cuenca, la detenida fué maltratada, habiéndose abusado de ella al parecer y siendo a continuación arrojada por una ventana al río Júcar, habiendo expresado el certificado facultativo que la víctima había fallecido por la fractura de la base del cráneo.

Al derrumbarse el régimen marxista, los miembros del S. I. M. de Madrid huyen a los puertos de Levante, donde tratan de embarcar para el Extranjero y —siguiendo el ejemplo del reparto de fondos hecho en 1936 por los chequistas del Comité Provincial de Investigación Pública—, Angel Pedrero distribuye, en una casa de la calle de la F. A. I., de Valencia, entre varios de sus subordinados, dinero y alhajas procedentes de los saqueos llevados a cabo por el Servicio de Investigación Militar, así como una importante partida de azafrán, producto que alcanzaba una elevada cotización.

Llegaron a ser tristemente célebres las «checas» del S. I. M. de Valencia, establecidas en Villa Rosa, Escuelas Pías y calle de Sorni, núm. 7, por la constante aplicación de tormentos refinados, habiéndose perpetrado en ellas violaciones y abusos deshonestos de que resultaron víctimas varias detenidas, algunas de las cuales han denunciado ante la Justicia nacional tales atropellos.

Se pegaba con instrumentos contundentes hasta dejar a los detenidos sin sentido, aplicándoles duchas para reanimarlos, llegándose a eliminar a muchas personas. Si los declarantes no lo hacían a gusto de sus interrogadores, se simulaba su fusilamiento, a fin de atemorizarlos, teniendo lugar estos simulacros por la noche, en los alrededores de la ciudad ; fueron empleados calabozos de emparedamiento, impregnados de humedad y privados en absoluto de luz, en los cuales los detenidos se veían obligados a evacuar sus necesidades en el mismo calabozo, del que solían ser sacados por la noche y conducidos al despacho del responsable, donde eran interrogados entre blasfemias e insultos soeces, siendo varios los detenidos que enloquecieron. Otro de los martirios consistía en colocar en las muñecas de las víctimas esposas con pinchos interiores, siendo táctica de los chequistas aplicar estas torturas en presencia de los detenidos recientemente ingresados en la «checa», a fin de que se impresionaran y resultasen de este modo más explícitas sus declaraciones. Las detenciones iban acompañadas del saqueo del domicilio de las víctimas, muchas de las cuales eran personas de buena posición económica.

El Médico D. Juan Rubirac Ballester certificó repetidos casos de lesiones graves, producidas en centros del S. I. M. de Valencia.

Don Federico Espinosa de los Monteros fué maltratado durante tres meses, desde agosto a noviembre de 1936, en las «checas» del S. I. M. de las calles de Sorní y Carniceros, de Valencia, bajo la dependencia de Loreto Apellániz, por los siguientes procedimientos : Atado al respaldo de una silla le fueron retorcidos los órganos genitales, martirio que le produjo una fortísima orquitis, de la que todavía —en junio de 1941—se resentía; en la mencionada «checa» de la calle de Carniceros permaneció encerrado en una habitación de techos bajísimos que le hacía permanecer en flexión casi continua durante los treinta y seis días que duró su encierro en dicha habitación, cuyo piso se encontraba cubierto por un palmo de agua, que le impedía sentarse. Como consecuencia de estos sufrimientos, le quedaron dolores en la columna vertebral y en los riñones y una úlcera que, en la época en que el Sr. Espinosa de los Monteros prestó su declaración ante las Autoridades, se encontraba todavía en estado de supuración.

El más cruel de todos los cabecillas del S. I. M. de la capital valenciana fué el aludido Loreto Apellániz García, responsable de las «checas» de este organismo durante el último periodo de la lucha civil, y a quien, en vista de la publicidad alcanzada por sus monstruosos crímenes, hubieron de encarcelar y formar proceso los propios frentepopulistas de significación más moderada que se hicieron cargo del Poder en marzo de 1939, varios días antes del derrumbamiento de la resistencia marxista; sumario que sirvió de sólida base, al ser liberada la capital levantina por el Ejército nacional, para la sentencia del Consejo de guerra que, en abril de 1939, condenó a la última pena a Loreto Apellániz y a sus principales secuaces.

El S. I. M. de Barcelona —donde, por hallarse el Gobierno rojo, radicaba la Jefatura central, desempeñada por Garcés, que también fué pistolero al servicio de Prieto y asesino de CALVO SOTELO—, supera a las demás demarcaciones por su crueldad refinada. Las «checas» barcelonesas del S. I. M. disponen de toda clase de elementos técnicos de tortura que, al ser conquistada la capital catalana por el Ejército liberador, aún se encontraban instalados, y fueron capturados intactos y examinados libremente por el público.

El terror policíaco había culminado en Barcelona, residencia del Gobierno republicano durante los dos últimos años de la contienda civil. En las «checas» oficiales se montaron por el S. I. M. complicadas instalaciones de tortura, bajo la dirección técnica de un aventurero degenerado, de ascendencia austriaca, apellidado Laurenzic.

Fueron utilizadas celdas reducidísimas en las que el piso se encontraba cubierto de ladrillos puestos de canto, de modo que no resultase posible al detenido asentar de plano la planta del pie, y menos aún acostarse sobre el suelo, sin resultar cruelmente lastimado; la misma celda tenía por todo asiento un poyo en declive, que no permitía, a quien en él se reclinase, conciliar el sueño, puesto que en ese mismo momento rodaba forzosamente al suelo, en el que le aguardaba el filo de los ladrillos colocados precisamente con esa finalidad. Un timbre unas veces y otras un metrotono, mantenían en constante tensión los nervios de la víctima.

Otras celdas, semejantes a armarios, tenían escasamente capacidad para albergar el cuerpo del detenido, que era introducido de espaldas y de cara a la puerta, que, al ser cerrada, le impedía todo movimiento, en cuyo instante era encendido un foco potentísimo que producía a la víctima vivo deslumbramiento y graves lesiones a la vista, obligándole a permanecer con los ojos cerrados y fuertemente apretados.

Otra de las celdas de tortura consistía en una especie de campana, cuya temperatura podía ser elevada a voluntad desde el exterior, hasta hacerse insoportable, por medio de dispositivos eléctricos, produciéndose al propio tiempo, por medio de unos martillos o rodillos, un ruido ensordecedor, que enloquecía a las víctimas.

La «checa» de la calle de Zaragoza, establecida en un convento de religiosas sanjuanistas, adquirió triste fama por los variados procedimientos de tortura con que fueron martirizados los detenidos, destacando, entre los más crueles, el martirio de la silla eléctrica, instalada en la sala donde actuaba un titulado tribunal rojo, que ordenaba y contemplaba el suplicio de los recluidos en esta «checa».

La «checa» de la Tamarita, emplazada en un chalet enclavado entre el Paseo de San Gervasio, Avenida del Tibidabo y calle de Nueva Belén, entre cuyos dirigentes figuraban jefes del S. I. M. rojo, alguno de elevada graduación militar, y sujetos de nacionalidad rusa; la de la calle de Ganduxer, la del Seminario y otras varias, fueron regentadas en Barcelona por el S. I. M. siempre con los mismos métodos.

En los sótanos de la «checa» del S. I. M. establecida en la calle de Muntaner, 321, fué empleada por primera vez en Barcelona el tormento de la silla eléctrica.

Acaso la más famosa «checa» del S. I. M. en Barcelona haya sido la de Vallmajor, también conocida con el nombre de «Preventorio D». En ella se emplearon los más refinados martirios para obtener de los detenidos declaraciones a gusto de sus interrogadores.

En los campos de concentración del S. I. M., principalmente en los de la Región catalana, murieron a consecuencia de las penalidades y malos tratos padecidos un número muy elevado de detenidos que sufrían, en general, un trato inhumano.

Desde que el S. I. M. actúa en la zona marxista se dedica a mantener, tanto en el frente como en la retaguardia, el más violento terror como medio para contener la creciente desmoralización del Ejército rojo y de la población civil ; la red de agentes reclutados entre los antiguos chequistas, y de confidentes —denominados «Agentes invisibles»— tenía a su cargo las detenciones y asesinatos, siendo una de sus misiones la de detener a los familiares de aquellos soldados del Ejército rojo que se pasaban a las líneas nacionales, siendo conducidos estos rehenes, sin consideración a su edad (a veces se detenía al padre del evadido), a la misma unidad militar donde el fugado prestaba sus servicios, en la que muy frecuentemente eran asesinados al poco tiempo de su llegada.

El sistema de secuestros y torturas es aplicado en todos los lugares en que existe un destacamento o representación del S. I. M. En Almería, una mujer fué cruelmente maltratada en presencia de su marido, también detenido, y éstebrutalmente apaleado a su vez al intentar defender a su mujer, golpeada sin descanso por seis individuos,que la habían desnudado previamentemurió poco después en la prisión de Baza. El mismo S. I. M. de Almería solía emplear el tormento de atar a sus detenidos de pies y manos y sumergirlos en una balsa llena de agua, donde los tenían cierto tiempo, no extrayéndolos hasta que los veían casi ahogados.

En el Campo de trabajo número 3, establecido por el S. I. M. en el término municipal de Ornelles de Nogaya (Lérida), fueron asesinados unos doscientos detenidos. Un testigo presencial, llamado D. Dionisio Samper Samper, que también estuvo internado en dicho Campo, relata el asesinato del seminarista D. Francisco Arias Antequera, natural de Madrid : El 24 de junio de 1938, Antequera fué apaleado ferozmente por el hecho de haberse descubierto su condición de seminarista; empezó el suplicio a las dos de la tarde y estuvo siendo golpeado, con ciertos intervalos, hasta la madrugada, en que expiró ; en las primeras horas de la madrugada pidió un poco de agua y le dieron a beber orines con sal. Este asesinato fué también presenciado por don Juan Argemí Fontanet, que declaró igualmente lo sucedido ante las Autoridades judiciales del Estado Nacional; este mismo testigo recuerda, entre los numerosas asesinatos de detenidos, el del Dr. D. Casimiro Torréns, Médico de Omelles de Nogaya, que fué muerto a tiros.

En términos generales, y con modalidades que difieren en algún detalle, según las diversas demarcaciones, lo apuntado constituye el carácter general de la actuación de la Policía política roja cuya última y más acabada manifestación se encuentra representada por el S. I. M., creado por Indalecio Prieto.

La dirección de las instalaciones de tortura de las «checas» del S. I. M. de Barcelona, corrió a cargo del jefe supremo del S. I. M., Santiago Garcés, de Francisco Ordóñez —que fué jefe del D. E. D. I. D. E.—, del Gobernador del Banco de España rojo, Pedro Garrigós, y de los miembros del referido servicio policíaco, Comandante Alonso, Urdueña, Sargento Mendoza y otros varios, ejerciendo el cargo de jefe de interrogadores un individuo apellidado Walter.

A los tormentos que los instaladores de las «checas» oficiales del S. I. M. denominaban «psicotécnicos», se unían las más duras y brutales violencias materiales, siendo usual la aplicación de hierros candentes que producían profundas quemaduras y arrancaban las confesiones de responsabilidades ciertas o imaginarias pretendidas por los interrogadores; también era frecuente, como en las «checas» oficiales de Valencia, el retorcimiento de los órganos genitales de los detenidos v la suspensión de éstos —hombres o mujeres— cabeza abajo por tiempo prolongado. Constan fehacientemente acreditados numerosos casos de esta índole, relatados ante las autoridades judiciales por los supervivientes.

En la «checa» de la calle de Valimajor, de Barcelona, un detenido se ahorcó, enloquecido, después de haber sido cruelmente maltratado; lo acredita como testigo el entonces detenido, médico de Barcelona, D. Juan Juncosa. La esposa de D. Jaime Scoda, se volvió loca, a consecuencia de las penalidades sufridas en la misma «checa» de Vallmajor, en la que estuvo detenida, en unión de su marido.



Causa General.
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SANTIAGO CARRILLO

No cabe duda que don Santiago, a pesar de su mala memoria, es un experto en grandes y pequeñas fosas comunes, dada su larga experiencia de primerísima mano.
Tiene el señor Carrillo, en la actualidad, una acreditada fama de demócrata, amante de sus semejantes, héroe y no violento.
Repasemos su benéfica vida y veamos lo merecido de esa fama.

Don Santiago demócrata .

Ya, el 12-2-34, empezaba a preparar la clientela para esas fosas, así en Renovación, nº 130, revista de las Juventudes Socialistas (JJSS), su líder era Carrillo, publicaba el “Decálogo del joven socialista”, donde daba instrucciones militares y políticas a sus muchachos, de cara a un próximo alzamiento contra la República, toda vez que su partido, el PSOE, había perdido, por goleada, unas elecciones democráticamente convocadas, después de haber gobernado, casi tres años, de manera lamentable, consiguiendo para España los mayores índices de corrupción, paro y pobreza de todo el siglo XX.:

1. Los jóvenes socialistas deben acostumbrarse a las movilizaciones rápidas, formando militarmente de tres en fondo; 2. Cada nueve (tres filas de a tres) formaran una década añadiéndole un jefe, que marchará al lado izquierdo… 4. Es necesario manifestarse en todas partes… Manifestarse militarmente, para que todas nuestras acciones lleven por delante una atmósfera de miedo y respeto… 7. Ha de acostumbrarse a pensar que en los momentos revolucionarios la democracia interna en la organización es un estorbo. El jefe superior debe de ser ciegamente obedecido… 8. La única idea que hoy debe de tener gravada el joven socialista en su cerebro, es que el socialismo solamente puede imponerse por la violencia y que aquel compañero que propugne lo contrario, que tenga todavía sueños democráticos, sea alto, sea bajo, no pasa de ser un traidor, consciente o inconscientemente… 10. Y, sobre todo esto: armarse. Como sea, donde sea y por los procedimientos que sean. Armarse. Consigna: Ármate tú y al concluir arma si puedes al vecino, mientras haces todo lo posible por desarmar al enemigo. M. Parra Celaya, Juventudes de vida española, Madrid, 2001, p.188. .
Que el asunto marchaba magníficamente nos lo confirmaba el mismo Carrillo el 20-4-34: “Por primera vez habían actuado en diversas formas las milicias que estábamos empezando a organizar”. La víspera unos pistoleros de las JJSS ametrallaron a un grupo de cedistas haciéndoles un muerto y un herido grave. Memorias, p. 89. .
Nos contaba Salazar Alonso, ministro de Gobernación del Gobierno republicano: 6-6-34. Circular de las Juventudes Socialistas: “En numerosos pueblos (las milicias) ya funcionan con admirable acierto y disciplina… Hay que tener en cuenta que la acción combativa… ha de ser de ordinario el atentado personal. Por ello esta organización, más que otra cosa, ha de tener una base terrorista”. Bajo el signo de la revolución, Librería de Roberto San Martín, 1935. .
Insistía más tarde, animando a los muchachos, para que un hubiese dudas: “La supresión de todas las personas que por su situación económica o por sus antecedentes puedan ser una rémora para la revolución”... “Muchas sentencias habrá que firmar. Estamos seguros de que... los jóvenes socialistas, con entusiasmo, estarán dispuestos a darles cumplimiento”. Renovación, 10 de agosto y 14 de septiembre del 34. JA. Sánchez García-Sauco, La revolución de 1934 en Asturias. P. 46. .
Llegó el octubre del 34 y, a fe que las milicias cumplieron. En Asturias se lucieron. Siguió gobernando Lerroux, jefe del partido republicano más antiguo de España. Cuando él estaba aburrido de ser republicano, Azaña se presentaba (24-2-18) a diputado con el monárquico partido de don Melquíades Álvarez (asesinado, en el 36, en una cárcel de Madrid) . Las JJSS siguieron cumpliendo con su sagrado deber de matar fascistas, ya se sabe: todos los que no eran socialistas. .
Gana las elecciones del 36 el Frente Popular. Sigue la muchachada de Carrillo su labor con gran interés, pero ahora en la más total impunidad. .

Don Santiago hermana de la Caridad.

Llega el 18-7-36, la media España a la que estaban matando se aburre más que un pelo y se subleva contra la del Frente Popular. .
Se va preparando el ambiente, el 3-11-36. La Voz (diario de Madrid) anima al personal: “hay que fusilar en Madrid a más de 100.000 fascistas camuflados, unos en la retaguardia, otros en las cárceles. Que ni un “quinta columnista” quede vivo”. C. Fernández, Paracuellos del Jarama. ¿Carrillo culpable?, Argos y Vergara, 1.983, p. 43. Debray, Demain l´Espagne, Suil, París.
, 1974. En realidad el nombramiento salió publicado al día siguiente, aunque el 6 él ya ejercía. Las matanzas estaban minuciosamente preparadas, previamente se ordenaba a los alcaldes de los pueblos de Paracuellos del Jarama, San Fernando de Henares y Torrejón de Ardoz que abriesen tumbas, se obliga a cavarlas a los vecinos. A los presos se les dice que los evacuan a Valencia, les atan las manos con alambre, en autobuses de la Sociedad Madrileña de Tranvías se les lleva al lugar del asesinato, los días 7 y 8 de noviembre fusilan a 1.340. Entre el 9 de noviembre y el 3 de diciembre asesinan a 2.936. Hay listas de casi todos con nombre y apellidos, los presos eran sacados, por milicianos de Vigilancia de Retaguardia pertenecientes a la consejería de Carrillo, mediante vales al director de la prisión, firmados por Serrano Poncela, su segundo en el mando. .
La Causa General incorpora dos documentos al anexo de capitulo VII, que son órdenes firmadas por Serrano Poncela enviadas a los directores de las prisiones, días 26 y 27, ordena que sean puestos en libertad los 132 presos nominados en ellas. Todos serían asesinados en Paracuellos. Carrillo llevaba ya 20 días de jefe. .
I. Gibson nos dice: de la matanza fue culpable Carrillo. Él dice que el asunto lo “manejó” la policía soviética. Paracuellos: cómo fue, Barcelona, Plaza y Janés, 1.983, p. 207. .
Carrillo cuenta de las matanzas a Oneto, MA. Aguilar, y P. Páramo, dice que no tuvo nada que ver, aunque si se enteró de las mismas, “no tenías tiempo de emocionarte por eso… no comprender eso me parece que es hacer abstracción de lo que fue la guerra civil”. Cambio 16, nº 266, 16-1-77. .
El 11-11-36, el Consejero Caminero pregunta en la Junta sobre la evacuación de los presos de la Modelo: .
“Carrillo contesta detalladamente diciendo que tiene todas las medidas tomadas aunque no ha sido aun hecha la evacuación… Diéguez (comunista) dice que el 7 y el 8 han habido evacuaciones (fusilamientos) y propone que continúe haciéndose la evacuación (fusilamiento)… Carrillo insiste en sus anteriores razonamientos, argumentando con la actitud adoptada últimamente por el Cuerpo Diplomático”, había habido una protesta muy fuerte por los asesinatos, encabezada por el decano del CD el embajador chileno. Hay que destacar que Chile fue uno de los últimos países en reconocer a Franco. Libro de Actas de la Junta de Defensa de Madrid, Arostegui y Martínez, La Junta de Defensa de Madrid, Comunidad de Madrid, 1.984, p. 295 y ss. No se había evacuado ni se evacuó ningún preso, todos habían sido asesinados. .
Carrillo recababa para sí toda la autoridad para la evacuación, primero niega que se haya hecho, luego corregido por Diéguez reconoce que se ha suspendido por la protesta diplomática. .
Carrillo dice en Unión Radio: “la única resistencia que tiene la Junta de Defensa es la resistencia que ofrece el enemigo… que esta a nuestras puertas, porque la resistencia que pudiera ofrecerse desde el interior está garantizada que ya no se producirá”. ABC de Madrid, 13-11-36, p. 13. .
Nos contaba J. Galíndez, secretario del ministro de Largo Caballero Irujo (PNV): “En la noche del 6 unos 600 prisioneros de la cárcel Modelo cuyas conexiones fascistas eran notorias fueron ejecutados en un pueblo cercano a Alcalá de Henares. Dos noches más tarde fueron ejecutados 400 más… Durante los días siguientes hubo muchas ejecuciones en Madrid, en Paracuellos, San Fernando de Henares y Torrejón. Evidentemente el director de Orden Público, Manuel Muñoz, tenía conocimiento de los asesinatos… Para mí la limpieza de noviembre es el borrón más grave de la defensa de Madrid, por ser dirigida por las autoridades encargadas del orden público… borrón que afea la defensa de Madrid… Carrillo, que daba órdenes de libertad, que significaban contraseñas convenidas para sacar a determinados presos… y matarlos”. Los vascos en el Madrid sitiado, Ekin, Buenos Aires, 1945, p. 66, 68 y 78. .
Las ejecuciones de noviembre y diciembre en Madrid fueron dirigidas por Carrillo, Consejero de Orden Público. G. Cabanellas, La guerra de los mil días, Buenos Aires, 1973, Vol. II, p. 813. .
“No se trata de ejecuciones espontáneas, como las de las primeras semanas… sino… de todo un programa de eliminaciones políticas, exigido por Koltsov (periodista soviético, agente de Stalin en Madrid), y aceptado por el Gobierno”. La documentación de la Causa General es abrumadora como prueba de responsabilidad de Carrillo, del Director General de Seguridad Muñoz, y del Delegado de Orden Público, Serrano Poncela, ambos a las ordenes directas del primero y todos del PCE. Resulta particularmente trágica la firma de Serrano al pie de una orden dictada el 26-11-36: “Sírvase poner en libertad a los presos que se relacionan al dorso”. Figuraban 26 nombres. Fueron ejecutados inmediatamente. Casi todas las ordenes eran iguales. R. de la Cierva, La historia se confiesa, Barcelona, Planeta, 1976, T. III, p. 27. .
La Junta de Defensa publicaba una nota en la prensa: “Saliendo al paso de una infamia…Ni los presos son víctimas de malos tratos, ni menos deben temer por su vida. Todos serán juzgados dentro de la legalidad”. Causa General, Madrid 1944, cap. VII, p. 239. .
El 24-11-36, La policía encabezada por el Director de Seguridad Serrano Poncela (segundo de Carrillo) y el ruso Koltstov entra en la embajada de Finlandia y detiene a 525 refugiados, que luego serían asesinados. “Limpiar un poco Madrid; echar aunque no sean más a 30.000 fascistas; fusilar, aunque solo sea a un millar de bandidos”. M. Koltstov, Diario de la guerra de España, París, 1963, p. 114 y 261. .
El veterano comunista Castro Delgado, ministro por entonces, nos contaba. “Aquí no se pretende hacer justicia, sino implantar el terror; por eso, ¡no te importe equivocarte!... Vale más matar de más que de menos”. Hombres madre in Moscú, p. 391 y 429. .
“Los presos más peligrosos… la mayor parte de ellos fueron fusilados… Exterminar o ser exterminado se convirtió en la consigna de Madrid”. RG. Colodny, brigadista comunista. Asedio a Madrid, Ruedo Ibérico, París, 1970, p. 50. .
Nos contaba el mismo PCE en su libro colectivo Guerra y revolución en España, Progreso, Moscú, 1968, p. 187: “Carrillo… Cazorla… tomaron las medidas necesarias para mantener el orden en la retaguardia… en dos o tres días se asestó un serio golpe a los… quintacolumnistas”. .
Hay una protesta del Cuerpo Diplomático de Madrid. La lleva a cabo el delegado de la Cruz Roja Internacional Henry Henny, acompañado por el doctor Schlayler, encargado de Negocios de Noruega y el doctor Pérez Quesada, encargado de Negocios de Argentina. Se redactó el informe, el Delegado salió en un avión, puesto por la embajada francesa, para entregarlo en Ginebra, sobre Pastrana fue abatido por un caza. El piloto, que resultó herido, aseguró que el avión era republicano. Henny se llevó a Ginebra la bala que le extrajeron y resultó la de un caza republicano. C. Fernández, Paracuellos del Jarama. ¿Carrillo culpable?, Argos y Vergara, 1.983, p. 65. .
8-12-36. Se nombra Inspector de Prisiones a Melchor Rodríguez. “A partir de esa época, la energía con que el nuevo delegado de prisiones -un anarquista que, en pugna con las demás autoridades rojas, y sobre todo del PCE, actuó desde el primer momento, por su personal y exclusiva iniciativa- acabó con las matanzas de presos”. Causa General, Madrid 1944, cap. VII, p.239. .
Melchor Rodríguez, Director General de Prisiones, consigue quitarle las cárceles a Carrillo tras dura lucha, publica en la prensa de Madrid, el 20-4-37, una denuncia afirmando que Cazorla “sacaba de las cárceles del Gobierno a los presos absueltos por los tribunales populares para… conducirlos a cárceles clandestinas…está dispuesto a demostrar documentalmente la… política seguida desde la Consejería de Orden Público… por Carrillo y Serrano… por Cazorla… que… estaban deshonrando… al Gobierno de la República. Melchor Rodríguez, con grave riesgo de su vida, acabó con las grandes sacas de las cárceles, teniéndose que contentar, a partir de entonces, el PCE con asesinatos más modestos en sus checas, o hacerlos fuera de Madrid. .
Carta de G. Dimitrov (Secretario General de la Comintern, encargado por Stalin de controlar la guerra en España) a Voroshilov (Comisario del Pueblo para el Ejército y la Marina, ministro de Guerra de Stalin), 30-7-37. .
Hablan de Irujo (ministro de Justicia en Valencia): “Quería detener a Carrillo, secretario general de la Juventud Socialista Unificada, porque cuando los fascistas se estaban aproximando a Madrid dio orden de fusilar a varios funcionarios fascistas detenidos… está organizando una investigación sobre comunistas… que trataron con brutalidad a los fascistas prisioneros”. Irujo salió del Gobierno, como era de esperar. España traicionada, Planeta, 2002, Barcelona. Libro basado en la apertura, en los años 1990 y 1991, de los archivos soviéticos. R. Radosh, profesor emérito de la City University de Nueva York; M:R: Habeck, Coordinadora del Russian Military Archive, Universidad de Yale; G. Sevostianov, de la Academia de Ciencias de Rusia, investigador del Instituto de Historia Universal de Moscú. .

Don Santiago héroe.

Cuenta Carrillo a Oriana Fallaci: Yo la guerra la he hecho de verdad, durante tres años, disparando y matando. El Europeo, octubre, 1975. .
Seguía. El 18 de julio salí de París para combatir en San Sebastián. Los nacionalistas vascos nos quisieron fusilar, estábamos contra el paredón y me salvo un camarada. Formé parte de una columna que iba a tomar Aguilar de Campoo, armado con una escopeta de caza. Pasamos a Madrid a través de Francia, fui capitán de una compañía, comisario de un batallón, derrotamos a los marroquíes, que eran gigantescos y les hicimos muchos prisioneros, el 6 de noviembre pasé a ser miembro de la Junta de Defensa. R. Debray, Demain l´Espagne, Seuil, París, 1975, p. 61 y 62. .
Lister nos lo cuenta de otra manera: “De todo lo contado lo único cierto es que estaba en París el 18 de julio, todo lo demás se lo inventa. Estuvo más de un mes en Francia viendo como iban las cosas y únicamente cuando vio que iban bien regresó a París. ¿Por qué de sus andanzas solo da un nombre, de una persona muerta ya (se refiere a Modesto)? ¿Por qué no da el nombre del batallón ni de la compañía? ¿Por qué no cita el lugar y la fecha de la batalla contra los gigantes marroquíes? Si se repasan periódicos de la época se encuentran fotos y reseñas de la actividad militar de todos los dirigentes de las JSU (Juventud Socialista Unificada), ninguna de Carrillo (líder de la JSU). La explicación es sencilla; después del mes de heroica reflexión en París, esperó discretamente en Madrid ser nombrado jefe de la policía, cargo para el que se requerían condiciones muy diferentes a las necesarias para batirse en el frente. E. Lister, ¡Basta!, G. del Toro, Madrid, 1976, p. 173 y 174. .
Posteriormente en un libro de Bardavio, ya muerto Modesto, cuenta Carrillo que peleó, con el grado de capitán, en Navalperal de Pinares. En aquella batalla intervinieron unos 7.000 nacionales, de los cuales solo 500 eran moros. Fue un triunfo total de los franquistas, que, el 9 de octubre, toman del pueblo, cogiendo un gran botín y numerosos prisioneros. JM. Martínez Bande, La marcha sobre Madrid, San Martín, Madrid, 1968, p. 217. .
Hasta primeros del 37 está en Madrid, pasa a Valencia, donde está hasta enero del 38. Lister sigue contando: Prieto publicó un decreto ordenando que, todos los que estuviesen en edad militar, tenían que incorporarse al frente, quería con ello darle un golpe a tanto emboscado hijo de gente bien, entre ellos, padres de la Patria en las Cortes y dirigentes de las JSU, a los que estábamos en el frente la medida nos alegró. Todos los jefes de las JSU, entre ellos Carrillo, se escaquearon. E. Lister, ¡Basta!, p. 175. Nos sigue contando Carrillo: “Durante el periodo en que yo estaba en el V Cuerpo de Ejército, con el general Modesto”. R. Debray, Demain l´Espagne, Seuil, París, 1975, p. 84. .
Lister pregunta: “¿Dónde? ¿En que fechas? ¿Con qué grado?”. E. Lister, ¡Basta!, p. 174. Coincide Lister, en todo, con R. Salas Larrazábal. Éste nos explica que también se escaqueó el amante de la Pasionaria, camarada Antón. Historia del Ejército Popular de la República, Madrid, E. Nacional, 1973, p. 1.617 y 1618. .
Carrillo, en La Felguera (16-1-04), les aseguraba que ésta era hija de minero y esposa fiel de minero. El minero, en el mientras tanto, estaba peleando en el frente de Guadarrama voluntario, donde moriría.
Modesto, que era muy meticuloso, nombra a todos los comisarios suyos y de unidades subordinadas, a Carrillo no lo cita nunca. Solo en una reunión del Comité Central del PCE (enero 39) y una vez que estuvo de visita en el frente: “Carrillo estuvo con aquella unidad (47 División) esos días y los siguientes” (primeros de enero del 37). Modesto se manifiesta orgulloso de tenerle entre ellos. J. Modesto, Soy del Quinto Regimiento, Globe, París, 1969, p. 203, 234 a 315 y 370. .
Carrillo huye a Francia el 8-2-39, la guerra acabaría gozosamente dos meses más tarde. Lister cuenta de su regreso a la lucha: “En el avión que salí de Toulouse… para la zona centro-sur la noche del 13 de febrero… íbamos trece viajeros a pesar de tener el avión 33 plazas… esos miembros del Buró Político y de la comisión ejecutiva de las JSU (Carrillo)… daban la guerra por terminada”. E. Lister, ¡Basta!, p. 169 y 170.
Carrillo lo cuenta de otra manera en el folleto “¿A dónde va el Partido Socialista?” (1959). Escribe: “Vino marzo de 1939 y el golpe de Casado en Madrid… yo no pude participar personalmente en esa lucha… siéndome materialmente imposible regresar a la zona centro-sur”.
Lister concluye: “Carrillo da… diferentes versiones… al hecho de no ir a la zona centro-sur… todo ello para ocultar la verdadera razón, su cobardía. Carrillo pasó a Francia el 8 de febrero… Casado dio el golpe el 5 de marzo. Tuvo casi un mes para decidirse a volver, pero al final prefirió París a Madrid”. E. Lister, ¡Basta!, p. 171 .
Tagüeña, refiriéndose a Carrillo, escribe: “Siempre lo había considerado dispuesto a subordinar todo a sus ambiciones políticas”. M. Tagüeña, Testimonio de dos guerras, México, 1973, p. 359. Tagüeña había sido, antes de la guerra, líder, con Carrillo, de las JJSS, después se hizo también comunista, llegando a mandar un Cuerpo de Ejército en el Ebro. .

Don Santiago pacífico.

Del pacifismo actual de Carrillo sabemos también algo Nos contaba: “Yo no condeno la violencia. No estoy contra la violencia. La acepto cuando es necesaria. Y si la revolución va a tener necesidad en España de la violencia, como ha tenido necesidad en otros países (más que en ninguno en todos los países comunistas que en el mundo han sido), estaré pronto para ejercitarla… La condena de muerte a Franco, la firmaría, sí… Estoy entre los españoles que piensan que ver morir a Franco en la cama es una injusticia histórica… Yo nunca he esperado que Franco muriese y he hecho lo posible para cazarle antes de que se muera… ¡Pienso todavía cogerle antes de que se muera!” Declaraciones de Carrillo a Oriana Fallaci, semanario “L´Europeo”, 10-10-75.
Bardem, hablando de Ricardo Muñoz Suay, escribe que Carrillo le dijo estando solos, cara a cara, de hombre a hombre: “Ese se hubiera merecido aparecer una mañana en la cuneta”. Poético recuerdo de los famosos “paseos” de nuestra guerra civil. Es muy posible que Carrillo haya dicho eso, dijo, y sobre todo, hizo cosas peores, es un maestro de muertos en la cuneta, pero resulta que fui, hasta su muerte, buen amigo de Ricardo y él me enseñó en su casa de Barcelona, una carta manuscrita de Carrillo en la que éste le decía que un hombre como él, que había pasado tantos años en el “partido” y sacrificado tanto, no podía abandonarlo definitivamente por motivos tan nimios, y que el “partido” le necesitaba. C. Semprún Maura (comunista estalinista, luego arrepentido), Libertad Digital, 1-1-03.

Francisco Alamán Castro

LEGITIMIDAD DEL ALZAMIENTO NACIONAL

Mucho se ha escrito, muchas razones se han dado sobre la legalidad y legitimidad del Alzamiento Nacional de julio de 1936; desde ­el comienzo mismo de la guerra sobrevenida hasta hoy.

La ilegitimidad de los “poderes actuantes” pareció entonces indiscutible desde el lado vencedor en 1939, el lado nacional. Por  el contrario, la ilegitimidad e ilegalidad  del Alzamiento pareció asimismo evidente entonces para aquellos “poderes”, los republicanos; pronto transformados en rojos; pues con tales denominaciones “nacionales” y “rojos” todos estuvimos de acuerdo.

Sin embargo,  hoy no parece tan evidente para los que combatieron -y siguen combatiendo- el Alzamiento, que éste fuese un golpe de Estado desencadenante de la guerra; es decir, que los que lo dieron incurrieran en ilegalidad.

Testimonios inexcusables, incluso desde el punto de vista de los vencidos, se dieron ya entonces (Salvador de Madariaga, Sánchez Albornoz, el propio Azaña), aunque años después fuesen silenciados  por los sucesores ideológicos de los vencidos, que contaron con la pasividad de los vencedores. Pero, como sucede siempre, la justicia histórica vuelve por sus fueros: y así hoy da la razón a los que la tuvieron, a los que se alzaron en el 36 y vencieron en el 39.

Los “poderes actuantes”, o, lo que es igual, aquellos gobiernos del Frente Popular, estaban ya ilegitimados. A partir de la revolución de octubre de 1934, había comenzado la guerra en la cual los gobiernos eran beligerantes. Como dice Pío Moa ( El derrumbe de la II República y la guerra civil: Ed. Encuentros, Madrid, 2001, pag. 11): “Hubo un evidente peligro revolucionario, que utilizaban  como palanca de movilización ante una amenaza fascista inexistente, y a sabiendas de su inexistencia, pues esa amenaza no tomó cuerpo hasta las fechas inmediatas al Alzamiento. Así, el impulso hacia el encuentro bélico provino de las decisiones de los  partidos gobernantes  y sus dirigentes.” Por eso, el Alzamiento fue tan legítimo como lo es la legítima defensa, sea ésta  individual o personal, colectiva o social.

Transcurridos tres años de guerra, se reprodujo en  la “Zona Roja” la misma situación, que se resolvió de la misma manera: un golpe de fuerza, en marzo de 1939, del coronel Casado y su Consejo de Defensa, que fue justificado por sus autores con la razón de que “el Gobierno de Negrín carece de base legal”. De ahí que en el manifiesto del Consejo Nacional de Defensa (5 de marzo de 1939) se dijo que: “Recogía (el Consejo) sus poderes del arroyo, adonde les arrojó el aquel Gobierno”.

Así, al final de la guerra, la claridad se abrió paso, siendo reveladoras las palabras de Besterio – Presidente del  Consejo de Defensa- en un memorándum privado, que, años más tarde, en un artículo de I. Arellano, reprodujo el diario ABC de Madrid  en su número del 1 de abril – Aniversario de la Victoria-  de 1963. Estas son las palabras de Besteiro, palabras definitivas que explican “ toda la guerra, desde sus propios comienzos, desde el propio Alzamiento” ( J.M. Martínez  Bande, los cien últimos días  de la República, Caralt, Barcelona, 1973, Pág. 165): “La verdad real: estamos derrotados  por nuestras propias culpas: estamos derrotados nacionalmente por habernos dejado arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande que han conocido quizás los siglos... La reacción contra ese error de la República de dejarse arrastrar a la línea bolchevique la representan genuinamente, sean los que fueran sus defectos, los nacionalistas (es decir, el bando llamado “Nacional”, capitaneado por Franco), que se  han batido en su  gran cruzada anti-Komitern.”

Así pues, desde “el otro lado“ , con irreprochables testimonios, se dijo, ya entonces –y se reconoce ahora por los historiadores honrados de uno y otro lado- que las fuerzas del Alzamiento tuvieron razón, y aquella fecha inicial del 18 de julio de 1936 quedó legalizada ante la  Historia.

Javier NAGORE YARNOZ

ASESINATOS OLVIDADOS

Carlos Alberto Montaner

Este verano madrileño está resultando más caliente de lo esperado. Un libro contribuye a elevar la temperatura. Lleva vendidas cinco ediciones en menos de otras tantas semanas. Lo escribió César Vidal, un prodigioso polígrafo al que suele compararse al desaparecido Isaac Asimov. A sus 45 años, Vidal, que domina ocho lenguas --entre ellas el árabe y el ruso--, y es doctor en historia, derecho y teología, ha publicado 125 libros que incluyen desde una premiada biografía de Lincoln hasta una edición comentada de los textos fundamentales de Occidente, pasando por unas cuantas novelas. A ese ritmo de trabajo, antes de cumplir setenta años habrá pasado los 500 títulos que Asimov legó a sus millones de lectores. El libro se llama Checas de Madrid.

''Checas'' era el nombre que se le daba en el bando republicano a los cuarteles de la policía política durante la guerra civil española (1936-1939). Habían sido modeladas bajo la influencia soviética, de donde tomaron la palabra, y llegaron a España de la mano del Partido Comunista, dotadas de numerosos asesores soviéticos expertos en destripar enemigos. Muy pronto casi todas las formaciones políticas y sindicales afines al gobierno republicano tuvieron las suyas. Sólo en Madrid, Vidal identifica 226 checas, muchas de ellas instaladas en antiguos conventos y hasta iglesias arrebatadas a los católicos.

¿Qué se hacía en esos siniestros centros de detención? Se torturaba salvajemente a los detenidos, especialmente en las checas comunistas, acusándolos de ser cómplices del fascismo, y, con mucha frecuencia, se les mataba. La obra termina con una pavorosa lista de 11,705 asesinados, sólo en Madrid. El total nacional de víctimas de la represión republicana, profusamente documentado, alcanza la cifra de 110,965 personas. De esa triste nómina casi siete mil son curas, monjas y miembros de órdenes religiosas.

Es verdad que en el territorio dominado por Franco y sus ''nacionales'' la sangre también corrió a chorros; y no es menos cierto que, tras la derrota de los republicanos, durante al menos cinco años el generalísimo descargó sin compasión su dura mano sobre las espaldas de los vencidos, superando probablemente el número de los ejecutados por la república, pero ese dato no cambia la realidad: en toda España, y muy especialmente en la capital, la policía política, en nombre de ideas ''progresistas'', torturó y asesinó a millares de personas al margen de cualquier vestigio de legalidad.

¿Qué interés pueden tener hoy unos sucesos acaecidos hace más de sesenta años? Mucho, porque precisamente en el momento en que Vidal publicaba su estremecedora investigación, el juez Baltasar Garzón solicitaba la extradición de cuarenta y seis militares argentinos acusados de torturar y asesinar en su país a miles de personas durante el periodo de la última dictadura militar (1976-1983). ¿Por qué la justicia española se ocupaba de unos crímenes ocurridos al otro lado del Atlántico y no perseguía a los asesinos feliz e impunemente radicados en el territorio nacional a pocos metros de los tribunales competentes?

Federico Jiménez Losantos, uno de los periodistas más escuchados del país --y uno de los más temidos--, lo preguntó con toda claridad en su hora radial: ''¿Por qué Baltasar Garzón no ordena la detención y enjuiciamiento del comunista Santiago Carrillo, responsable directo del asesinato de 2,800 personas en un fin de semana (los prisioneros de Paracuellos del Jarama), o de Serrano Súñer, hombre clave del régimen franquista, a quien es posible imputar, aunque sea de forma indirecta, una buena parte de los atropellos cometidos por su gobierno?''.

¿Tal vez porque son muy ancianos? Ese no es un buen argumento jurídico: los crímenes contra la humanidad no prescriben nunca.

No hay duda de que el derecho penal internacional tiene todavía muchas fallas. Está muy bien perseguir genocidas en cualquier rincón en que se escondan, pero ¿por qué renunciar al principio de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley? Los españoles, por ejemplo, hace un cuarto de siglo hicieron su transición hacia la democracia, olvidando los crímenes cometidos por unos y otros durante la guerra civil, pese a que en 1978, cuando se proclama la nueva constitución que oficialmente liquida al franquismo, estaban vivos cientos de millares de combatientes de esa contienda, muchos de ellos víctimas o victimarios. ¿Qué fuerza moral tiene hoy esa sociedad para juzgar presuntos criminales argentinos si no hizo o hace lo mismo con los suyos?

Mientras todas esas dudas no se despejen creo que Estados Unidos o cualquier país responsable actúa correctamente no sometiéndose a los tribunales penales internacionales. La probabilidad de que en ellos se haga justicia es menor que la de que se dejen arrastrar por la demagogia y la politización. Recuerdo durante la reciente guerra de Irak cómo el rector de una universidad madrileña, nada menos que catedrático de derecho constitucional, aquejado de sectarismo pedía el enjuiciamiento internacional de José María Aznar como criminal de guerra por su apoyo a Washington durante el conflicto.

En fin, ésta es una zona opaca presidida por la incertidumbre. Nada es seguro bajo el sol, salvo la certeza de que César Vidal antes de seis meses escribirá otro espléndido libro. Hace unos años, cuando le dediqué una obra mía, le estampé una dedicatoria nerviosa: ``A César, muy apresuradamente, antes de que este libro también lo escribas tú''.

Agosto 3, 2003
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