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LA OTRA MEMORIA

REVANCHA HISTÓRICA

REVANCHA HISTÓRICA

Ninguna sociedad sana precisa de leyes que interpreten la historia a gusto del gobernante de turno. Y ninguna necesidad había 70 años después de la guerra civil y 30 del advenimiento de la democracia en España de una norma que nos venga a decir por decreto qué bando era el bueno y cual el malo. De ello, por otro lado, ya se han ocupado los medios de propaganda de la progresía, día sí día también, durante estos últimos 30 años. Al parecer sin todo el éxito que hubieran deseado, -por algo será- cuando tienen que acudir a la fuerza del BOE para imponer su punto de vista.

La cuestión es que cuando ya hay dos generaciones por medio de aquellos tristes sucesos, el PSOE se saca de la maga una ley inspirada por la ultraizquierda que vuelve a dividir a los españoles en dos bandos y quiere un imposible y enfermizo ajuste de cuentas con unos hechos históricos de los que no fuimos protagonistas las generaciones actuales. Una ley instigada por gentuza totalitaria que parece que la única lección que han extraído de la guerra civil se reduce a que debieron haberla ganado entonces y por ello hoy deben borrar de la historia a quienes les vencieron. Porque no debemos olvidar que los partidos que hoy más claman por esa ley revanchista son partidos que en los años 30 eran profundamente antidemocraticos, como el PCE, cuyo comportamiento durante la guerra civil se basó única y exclusivamente en aniquilar a todo aquel que no pensase como ellos. Característica que por lo que se ve aún conservan en su ideario, en lo que debería hacernos reflexionar sobre su autentica conversión a la democracia.

Y es que en esta ley se basa en la sed de revancha y en el odio de unos fanáticos radicales de izquierda y nada en la idea de reconciliación y perdón. Una ley que nos viene a decir que la mitad de los españoles, los de derechas por supuesto, fueron muy malos y la otra mitad, la de izquierdas son los buenos. Una ley canallesca que pretende dividir a los españoles en demócratas y fascistas, oprimidos y explotadores o ricos y pobres, en un insulto a la inteligencia y, lo que es más grave, en un atentado contra la convivencia nacional.

Porque tras el machacón mensaje de buenos y malos se olvida la verdadera realidad histórica. Una realidad que pasa por el hecho de que en ambos bandos militaban gentes que lucharon honestamente por lo que consideraban una España mejor y más prospera para todos, y que también en ambos bandos se cometieron tremendas injusticias. Todo lo demás es basura propagandística.

Pero es esa misma basura, y no el horror de una guerra fraticida, lo que ha movido al ejecutivo a reabrir heridas del pasado en vez de instar a cerrar definitivamente una página negra de la historia de España, de la que la izquierda se debería sentir tan avergonzada, sino más, que la derecha por su comportamiento.

Pero la izquierda ha elegido babear su sectarismo sobre la sociedad con una ley discriminatoria, que además recorta inconstitucionalmente las libertades públicas al impedir el libre ejercicio del derecho de reunión o manifestación en un espacio público como el Valle de los Caídos por pura arbitrariedad ideológica.

Bien señores de la izquierda, ustedes sabrán lo que siembran. Pero la misma mitad de España que no se resignaba a morir en 1936, tampoco se resigna hoy a comulgar con sus ruedas de moler la historia.

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